Cuadernos L - 2003 |
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LA ACTITUD Y LA INNOVACIÓN TECNOLÓGICA. Un estudio sobre la provincia de Málaga. (I)Pablo Podadera Rivera. Doctor en Economía,
Profesor Titular de Economía Aplicada (Política Económica)
de la Universidad de Málaga y Módulo Europeo Jean Monnet
(programa de la DG Educación de la Comisión Europea).
Su interés profesional abarca las áreas de desarrollo
regional y política tecnológica regional
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La actitud y la innovación tecnológica. II Resumen: El presente trabajo, proviene de un estudio efectuado en la Provincia de Málaga, entre los meses de marzo y julio de 2001. Mediante el mismo, se trata de explorar algunas de las causas que pudieren ser las responsables del retraso regional en cuanto a la innovación tecnológica, con respecto a los principales marcos de referencia: España y la Unión Europea. Para ello, nos sumergimos con un instrumental propio de la sicología como disciplina de apoyo a la economía, para apreciar lo que los individuos creen, piensan e interiorizan sobre estos aspectos. En ello, consideramos que no se puede pretender al desarrollo ni económico ni tecnológico, sin escuchar a la gente, tomar en cuenta sus necesidades, para encontrar claves que nos ayuden a promover un desarrollo tecnológico, adecuado a la realidad de los malagueños. El desarrollo, las nuevas formas de hacer, no se pueden imponer sin correr el riesgo a ser rechazados. En sus conclusiones se refleja la idiosincrasia de nuestra región, y se descubre que queda mucho campo de acción para la concienciación en innovación tecnológica y en la llamada cultura digital, pero también se obtienen datos alentadores sobre nuestro futuro desarrollo. Además de todo ello, hay un gran campo de actuación, potencial que puede ser explotado tanto por la empresa malagueña a favor de nuestro muy deseado desarrollo regional como por nuestra autoridades para la formulación de la política tecnológica de los próximos años. Palabras clave: Cambio tecnológico, innovación tecnológica, actitud, desarrollo regional, política tecnológica. I.- Introducción La innovación tecnológica es el resultado de todo un proceso de planificación, organización, asignación de recursos; en definitiva es el resultado de la aplicación de conocimientos basados en la tecnología para lograr ventajas competitivas o una posición favorable dentro de los mercados. Este proceso, se desarrolla dentro de un marco de referencia de orden técnico que comúnmente se denomina como política tecnológica. Todo esto, no es otra cosa que la aplicación del potencial humano, pero no se puede tener éxito en el mercado si no coincidimos con las necesidades, las expectativas, los gustos y preferencias de cierto numero de personas o empresas. Es aquí donde comienza a jugar un papel importante la actitud que demuestran las personas hacia la innovación y hacia la tecnología. La innovación tecnológica, intenta crear un impacto positivo en la calidad de vida de las personas. A través de su desarrollo, crea empresas destinadas a perfeccionar o desarrollar nuevos sectores industriales y económicos. Su dinámica propia, como señala Utterback (2001), tiende al crecimiento y dinamización de sectores industriales conexos y, en consecuencia, tiene un efecto multiplicador. En este trabajo hacemos, en cierta forma, un paréntesis de la capacidad que según, Schumpeter (1939), presenta la tecnología tanto para destruir sectores industriales como para el surgimiento de otros nuevos (1). Por tanto, y considerando la importancia que tiene tanto la difusión de la tecnología, en sentido particular, como la explotación de la invención tecnológica en sentido más amplio, conviene estudiar la relación entre la actitud de los individuos como destinatarios últimos de la tecnología. En este caso, lo hacemos para aquellos que pertenecen a la provincia de Málaga. Una breve reseña de la evolución para el caso español la encontramos en Cotec (2001), donde se menciona que en España por razones históricas, la primera etapa de industrialización se produjo a partir de la primera mitad del siglo XIX, con tecnología y capital foráneos, así surgió la maquina de vapor en 1833, y la Ley de ferrocarriles en 1855, entre otros, sin embargo esta capacidad de producción instalada no estimuló el nacimiento de una tecnología propia. El siglo XX fue un siglo realmente tecnológico para el mundo, con avances significativos en la ingeniería, la medicina y la biología y grandes descubrimientos, entre los que destaca la radiación, la energía nuclear, la electrónica, los ordenadores, los satélites, Internet y la ingeniería genética, entre otros. España, dentro de este siglo, sufrió las lamentables consecuencias de una guerra civil muy dura seguida de más de cuarenta años de dictadura, lo que acarreó un considerable aislamiento de las tendencias internacionales. Mientras en los Estados Unidos estaba naciendo el protocolo TCP/IP, base de transmisión de la actual Internet (Castells 2001), España sufría el aislamiento de la dictadura. De lo anterior se puede deducir que, la evolución tecnológica española ha sido lenta y cargada de dificultades históricas, no obstante, parece que el Estado se ha concienciado de la importante función que le corresponde como promotor y generador de las condiciones necesarias para facilitar el desarrollo de la ciencia y la tecnología, lo que se demuestra en las ayudas o subvenciones puestas a disposición de las empresas y los organismos científicos, ayudas que en algunos casos están siendo compartidas entre el presupuesto nacional y el de la Unión Europea y, en otros, entre éste último y el de las autonomías. Pero esto no ha sido el único avance sino que también, a lo largo de más de 15 años se ha ido gestando una legislación acorde con las necesidades en esta materia. A pesar de los esfuerzos realizados en esta dirección, que consideramos correcta, se aprecia que España se encuentra en un lugar muy bajo en el ranking de los países europeos en cuanto al desarrollo tecnológico. Más aún, algunas regiones se encuentran todavía mucho más abajo que el promedio del desarrollo español. A pesar de que se suele culpar a la cuantía de los recursos presupuestarios, que de hecho son bajos en los presupuestos oficiales, la empresa privada no demuestra interés en invertir para desarrollar innovación ni tecnología. Pero, ¿si las empresas tuviesen buena receptividad para sus productos de contenido tecnológico en el mercado, no harían esta inversión? La anterior interrogante fue la que nos llevó a la presunción de que parte de las dificultades que obstaculizan nuestro desarrollo tecnológico, podrían estar en las personas. En consecuencia se tomaron en consideración los siguientes hechos:
Los mencionados hechos, a su vez, nos invitaron a plantearnos si las actitudes de las personas pudiesen ser la causa que explicase la lenta asimilación de los cambios tecnológicos del entorno. En consecuencia desarrollamos un trabajo de investigación, en el ámbito de la provincia de Málaga, para lo cual, se encuestó a los particulares acerca de su preferencia y puntos de vista sobre la tecnología y la innovación. Con el mismo, hemos querido contribuir al desarrollo tecnológico de la Provincia de Málaga y con ello al de la región de Andalucía. Además, demostrar que el desarrollo de la innovación tecnológica y de la sociedad de la Información, está influenciado por factores subjetivos inherentes a los usuarios; reflejar el potencial de mercado que tiene esta Provincia para la asimilación de recursos tecnológicos e innovación tecnológica y sentar un precedente para facilitar futuros trabajos de investigación en la región. II.- Sobre la actitud Existe una amplia literatura entorno al intento de definir la actitud. Según los estudios de Gordon Allport (1935), se describe la actitud como “Un estado mental y neuronal de disponibilidad que ejerce influjo directivo o dinámico sobre las respuestas del individuo a todos los objetos y situaciones con que está relacionado y que se forma a base de experiencia”. En esta definición, Allport nos relata que el individuo tiene una predisposición innata y habitual en los individuos hacia todo lo que les rodea, sean personas, objetos, actividades, entidades físicas o jurídicas, etc. Para Teodoro Newcomb la actitud es: “Un estado de prontitud en orden a la excitación motriz” (Newcomb, Turner y Converse, 1965). Para este autor el interés se centra en la fuerza que tienen las actitudes como predisposición a la acción. Para Milton Rokeach (1968) la actitud es una “relativamente duradera organización de creencias en torno a un objeto o situación, la cual predispone a todo sujeto a responder de una manera preferencial” ; luego, este autor nos relata la capacidad de pre-condicionamiento que logran las creencias internas del individuo, con respecto a su forma de actuar; Ramos (1994), por su parte, sostiene que las actitudes gozan de gran poder motivante o directivo de la acción, es la que ha despertado excepcional interés por su estudio. Es por ello, que se le ha dado tanta importancia al concepto como pronosticador del comportamiento futuro de las personas ante los “objetos” que les rodea. Podríamos seguir citando autores en cuanto a dicha definición, pero no es nuestro cometido en este espacio. En cambio, sí queremos destacar la complejidad de la naturaleza misma del concepto, aunque puedan distinguirse en el mismo, ingredientes materiales, emocionales, ideacionales y conceptuales. De esta forma, podemos determinar tres componentes fundamentales en la actitud: Creencias (componente cognoscitivo), Compor-tamientos (componente conductual) y Emociones (componente afectivo). Esto quiere decir, que la actitud es el resultado de las creencias que tenga el individuo tanto sociales como culturales, los valores en los que crea, sus expectativas o lo que espera de la gente que le rodea, de las instituciones que le rigen, de sí mismo, etc; todos estos elementos con un grado de consistencia interna. Según esta aproximación conceptual, el componente conductual tiene mucho que ver con las emociones y suele ser tremendamente congruente con la forma final de actuar. El componente afectivo (emociones y sentimientos), está formado por lo que le gusta o no le gusta al individuo, lo que le es positivo o negativo, lo que le es favorable o desfavorable, por ello el comportamiento va siempre vinculado a una carga afectiva asociada a sentimientos. Por ello, la actitud no es una unidad básica y directamente observable, como puede ser el nivel de salarios, o el producto interno bruto de una población, sino que hay que medirla a través de sus componentes, los cuales son netamente cualitativos. Sin embargo, existen determinadas relaciones entre los mismos. Como denota Ramos (1994), en el hombre medio, suele ser frecuente que el comportamiento cognoscitivo de una actitud se aísle de los componentes afectivo y conductual; o lo que es lo mismo, que la correlación entre los tres elementos de la actitud suela ser mucho más elevada entre el afectivo y comportamental que entre cualquiera de estos dos y el elemento cognoscitivo. Esto tiene un gran significado cuando tratamos de estudiar cómo los individuos perciben cambios profundos de su entorno y de que manera los asimilan. Las principales características de las actitudes son, en primer lugar, su carácter estable y permanente; es un conjunto consistente de creencias y actos y no opiniones momentáneas susceptibles a cambiar por el razonamiento; en segundo lugar, son aprendidas ya que se adquieren a través del proceso de socialización y como consecuencia de la experiencia: medio social, familiar, escolar, medios de comunicación, grupos de influencia, o estructura de personalidad, entre otros, y, en tercer lugar, sirven de orientación al individuo. Al respecto el Programa Libra (2) señala que las actitudes desempeñan un papel dinamizador del conocimiento: se suele tender a conocer aquello hacia lo que se tiene una actitud positiva y a no prestar atención a los objetos, situaciones o personas asociadas a elementos negativos (3). Por ello, podemos asumir que las actitudes pueden cambiar por la acción de tres factores, tal y como se muestra en la figura Nº 1. Un cambio en cualquiera de estos tres elementos, modifica los dos restantes y en consecuencia produce un cambio de actitud en el individuo.
Es el aspecto cualitativo, el que conlleva al problema de la agrupación de los individuos que respondan de forma muy similar y cómo saber si sus respuestas les colocan en un nivel alto, bajo, medio, etc. De allí la necesidad de la construcción de Escalas de Medición de Actitudes. Una sucesión de investigadores desarrollaron escalas de medición de actitudes, sin embargo las escalas más utilizadas en la actualidad son Intervalos Aparentemente Iguales de Thurstone, Autoposicionamiento de Lickert y el Escalograma de Guttman, este último adoptado por nosotros debido a que el mismo es el que el mejor se adapta a nuestros objetivos (Summers 1976). En cuanto a la fiabilidad de la escala, la evaluamos a través de la Teoría de la Estimación y la Inferencia. En ella, se puede calcular el promedio muestral de la medición, y luego evaluar si el mismo se encuentra dentro de un determinado intervalo de confianza 95%. Además complementamos este análisis mediante el empleo de Fractiles, concretamente Cuartiles. De esta forma, podremos estimar por dos vías diferentes y basadas en un instrumental estadístico adecuado, la fiabilidad de los resultados hallados. III.- Situación del desarrollo tecnológico en Andalucía Con el presente apartado pretendemos ofrecer una idea de las tendencias actuales del desarrollo tecnológico en nuestra Comunidad Autó-noma en el entorno español y europeo, sobre la base de cifras estadísticas. En el ámbito de nuestra Comunidad Autónoma, nos encontramos con un dato de gran interés. A pesar de que nuestro país tiene ese gran reto ante sus socios europeos, el Gráfico Nº 1 nos permite apreciar que Andalucía tiene una convergencia directa con respecto al Producto Interno Bruto de nuestro país. Esto significa que Andalucía no incorpora distorsión a los resultados de España. Sin embargo, de nuevo nos plantea un gran reto ya que, como podemos apreciar, estamos a veinte “puntos PIB europeos” de distancia con respecto a nuestro país. En el Gráfico Nº 2, podemos apreciar, de nuevo, cómo nuestra Comunidad Autónoma tiene un comportamiento sumamente similar al de España cuando analizamos la inversión en Investigación y Desarrollo (en lo sucesivo I+D) de nuestra región con respecto al comportamiento de España. Si esta tendencia presentada en el año 1998 se mantiene, la inversión principal la está absorbiendo la empresa privada. Pero se puede apreciar que en Andalucía, estamos invirtiendo más recursos en el sector académico que en la industria. Esto nos coloca ante el gran compromiso de impulsar la transferencia de tecnología desde nuestras universidades hacia la industria, de lo contrario, corremos el riesgo de no estar haciendo una inversión rentable a favor de nuestro entorno.
Mientras España coloca en la empresa privada el 52,69 % de su inversión total, nosotros estamos invirtiendo sólo el 32,50% del total que recibimos para este destino. Mientras España invierte en las universidades el 30,85%, Andalucía invierte 48,95% ,o sea, casi la mitad de su presupuesto.
El Gráfico Nº 4, nos muestra cómo se invierten los fondos totales del estado entre todas las Comunidades Autónomas. Apreciamos algo que ya es parte de nuestro paisaje habitual al trabajar con cifras, y es que Cataluña, Madrid y País Vasco, en orden decreciente, encabezan la inversión en I+D de nuestro país de forma muy significativa.
Este gráfico nos ratifica lo observado en el Nº 2, y es que éstas son las regiones más industrializadas y por ello, llevan la mayor parte de la inversión. Una vez más, vemos que existe una tendencia a apoyar la innovación que puede crear un impacto de mercado. Sin embargo, ocupamos el quinto lugar después de la Comunidad Valenciana. Lo anterior puede llevarnos a dos conclusiones. La primera, que en lugar de apoyar la inversión en tecnología, es más urgente, apoyar la creación de industria con capacidad innovadora; y la segunda, que es urgente apoyar la transferencia de tecnología como vía para el desarrollo empresarial. Para asegurarnos de que nuestras anteriores conclusiones no son demasiado temerarias, en el Gráfico Nº 5podemos comprobar hacia dónde van los investigadores en Andalucía. Nos encontramos que los mismos son poco empleados en nuestras empresas y muy empleados en nuestras universidades. Para una Comunidad como la nuestra, con ocho millones de habitantes, hablar de una contratación de sólo 854 investigadores en la empresa privada es reflejar que la innovación no es precisamente nuestro punto fuerte. En España se invierten en la empresa privada un 0,04% de personas con respecto a la población total, pero Andalucía está invirtiendo sólo el 0,01% de su población, considerando que tenemos algo más de la cuarta parte de la población total del país. En cuanto a personal técnico y auxiliar para la investigación, pareciera ser un área prometedora ya que tenemos muy poca gente dedicada a ella, sin embargo este aspecto lo debemos tomar con más prudencia ya que la situación puede ser algo diferente.
El Gráfico Nº 6 nos permite entrar en la primera visión acerca de nuestra provincia. El nivel de desarrollo general, sin tomar aún pretensiones tecnológicas ni innovadoras, es el primer marco dentro del que debemos comenzar a vernos. Estamos de nuevo bien correlacionados con respecto a la región, pero estamos aun lejos de llegar a generar tan siquiera la cuarta parte de su bienestar.
1 Este interesante
aspecto constituye la denominada "dinámica de la innovación
tecnológica", muy bien desarrollada por Utterback (2001)
y por Roberts (1997).(vuelta) La actitud y la innovación tecnológica. II
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