Cuadernos L - 2003 |
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ANGÉLICAS Y DIABÓLICASCarlos Guillermo Navarro |
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El Ateneo de Málaga ha tenido la virtud de recoger en cinco volúmenes diferentes los quehaceres literarios de algunos autores. El quinto de esa colección Laberinto ha correspondido a Juan Gaitán y a su obra denominada "Angélicas y Diabólicas", una buena muestra de quienes deambulan por los desengaños de la literatura, donde obras de tiradas numerosas y consumo breve se nos caen de las manos, mientras otras parecen que tienen su gloria asegurada para después de desaparecido el autor, cuando en realidad procedería ser ensalzado en vida. No me atrevo a definir las páginas de su libro, divididas por títulos, como relatos, tienen el acierto de lo que distingue en literatura lo diferente de lo banal y reiterado. Esos títulos de contenido reducido pero que se engarzan por unas ideas comunes de unos a otros, forman un proceso unitario que nos habla de los desengaños, de la soledad, de los fracasos, de las desuniones, de las conquistas inalcanzables, de los abandonos, de la aburrida cotidianidad, de las oquedades de la vida, de sus sueños y recuerdos, y en los que al rayar la sucesión de historias en la línea poética, convierte las tragedias, las amarguras y las desdichas, en pasajes llenos de melancolías y añoranzas. En lo que en cualquier otro texto hubiese sido duro y pesimista, tiene aquí los vuelos del que realiza la ingente labor de bucear en las desesperanzas sin las asperezas con que cualquier otro autor, quizás necesariamente por enfoque, lo hubiese tenido que hacer. Y da igual que se trate de cualquiera de los dos nombres antagónico del título, porque si en el primero, "Las Angélicas", la razón de las historias está en los desencuentros que se producen entre dos personas, y si en el segundo, "Las diabólicas", pasa por la perspectiva de una visión centrada en una sola, y por tanto, donde se nos muestran el principio y el fin de un mismo recorrido, las dos partes se encaminan hacia el choque frontal contra las vidas felices con que se nos regala como pardillo en los tiempos modernos, y en cuyos pasajes la soledad se convierte en su eje fundamental. La primera se trata de un conflicto entre dos, y la segunda la ubicuidad absoluta de un ser con su sola tristeza. Es difícil comprender como en tan pocas páginas se dice tanto. De ahí, mi aplauso más merecido por reconstruir lo que, al menos para mí tiene fuerza en un buen relato junto al contenido, la condensación y la sonoridad, que en esta obra se convierte en poética. En esas cuarenta y cuatro páginas, que a fin de cuentas llamaremos para entendernos relatos, Juan Gaitán ha hecho lo más difícil, distanciarse y diferenciarse de otros, de los no muchos que saben extraer el jugo más esencial al relato corto. Quienes hemos tenido la fortuna de leer "Hombres de Luz" y "El columbario", las dos novelas largas de Juan Gaitán, tenemos a bien considerarlo un novelista de altura, cuya cima le está vedada por esas sinrazones que mueve a la literatura actual. "Hombres de luz" fue para mí una obra de vitalidad histórica y de rastreo por nuestras raíces, pero necesité la lectura de "El columbario", para situarle en esa categoría que mueve a los buenos novelistas, no solo en sus mecanismos expresivos, dejando a un lado el diseño que dificulta su lectura, lo que agranda más la valía del libro, sino, al igual que en la primera, en su concepción de retrato de una época, como fue el arranque de la democracia, con la disección de unos personajes que nos abrían las puertas para que comprendiésemos que la vida está hecha, a pesar de sus conquistas, de seres humanos. No todo era oro lo que relucía. A parte de mi predilección por "El columbario", digna de circular mucho más que otras que no lo merecen, he podido comprobar los distintos géneros que Juan Gaitán ha abarcado, digo por ejemplo el periodismo, y en todos va dejando su impronta. Lástima que encerrado en las sombras, acabe por desesperar, y nosotros, pobres lectores, tendremos, frente a estas obras racionales, descriptivas, poéticas y testimoniales, que empezar a leer otras muchas que en la página diez abandonamos por insulsa. Angélicas y Diabólicas es obra de Juan Gaitán |
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