Cuadernos L - 2003
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LA RUTA DE LA PASA

Marisol Gómez Aguilar. Periodista.

 

La Ruta de la Pasa se encuentra situada en la zona centro de la comarca de la Axarquía, donde se dan unas condiciones climáticas y geográficas óptimas para el cultivo de la uva-pasa, y en especial para la variedad “Moscatel”, que es la predominante.

Esta ruta comprende los pueblos de Comares, Cútar, El Borge, Almáchar, Totalán y Moclinejo. El 80% de la población de estos pueblos se dedica principalmente a este cultivo, donde predominan las explotaciones minifundistas, que en un 90% son familiares y no exceden de las dos hectáreas.

El cultivo

La producción de uva-pasa es una de las que requiere más trabajo y dedicación, ya que desde el mes de febrero hasta octubre los agricultores pasan la mayor parte del día cuidando y preparando los viñedos. No es una tarea fácil y su conocimiento pasa, como si de una herencia se tratara de padres a hijos. En las grandes producciones del centro de España el cultivo se ha modernizado equipándose para ello de la más moderna maquinaria, que hacen más rápidas y sencillas las tareas agrícolas. Pero, en la Ruta de la Pasa, donde los pueblos son pequeños y subsisten gracias a una agricultura de montaña, cada vez menos valorada y recompensada, el cultivo sigue siendo a la “antigua usanza”.
Haremos un recorrido por las labores que requiere su cultivo, desde el principio hasta obtener un fruto tan exquisito como es la pasa moscatel.

Las labores comienzan en el mes de febrero con la poda de los viñedos, que consiste en cortar las ramas secas y dejar sólo la cepa para que así salgan nuevos tallos.

La cava es el siguiente paso y es además una de las tareas más duras. Consiste en remover la tierra para que así las raíces de la vid puedan tener más espacio donde criar y crecer mejor.

Poco a poco y si el tiempo acompaña la vid irá creciendo, será entonces cuando se le comience a administrar un tratamiento por la hoja, con el objeto de eliminar las posibles plagas de insectos. El tratamiento más habitual es a base de azufre; últimamente han salido al mercado distintos tipos de fitosanitarios, que en esta zona de la Axarquía no están demasiado extendidos, debido sobre todo al alto coste que suponen y a la pérdida de la autenticidad de un producto 100% ecológico. Los pequeños agricultores prefieren recolectar menos, pero de mayor calidad.

El siguiente paso es la “vina”, cuyo objetivo es quitar las malas hierbas y “arropar” a la vid, es decir, cubrir la cepa con tierra.

En el mes de mayo y junio los racimos de uvas comienzan a engordar y para ayudarles en esto se realiza una tarea conocida como “el despunte” donde se le cortan las puntas a las distintas ramas con el objeto de que estas dejen de crecer y toda la fuerza vaya a los racimos.

Después de ahí y hasta agosto, aunque son los días más relajados para los viñeros, será un constante ir y venir para ver como evoluciona la cosecha en su recta final. Los agricultores ya han hecho su parte, ahora el sol y el canto de la cigarra, como dicen en estas tierras, serán los encargados de que las uvas maduren.

La vendimia

Al final del verano comienza la recolección de la uva, mundialmente conocida como la vendimia, un proceso que dura desde finales de agosto hasta mediados de septiembre y en el que interviene toda la familia.

En la Ruta de la Pasa la vendimia se hace a la vieja usanza: al amanecer los hombres preparan todo lo necesario para un largo y duro día de trabajo. Los únicos instrumentos serán sus navajas, las cajas, y sus mulos y burros ataviados con las pedreras (recipientes de madera que van a cuestas de los animales para transportar cajas). Antiguamente los encargados de transportar las uvas hasta el secadero eran los propios vendimiadores ayudados por una canasta de mimbre que se colocaba en la cabeza. Con el paso del tiempo esta técnica fue desapareciendo debido a la dureza de esta labor se cambio por el transporte en burro o mulo. Actualmente, estos animales siguen ayudando, pero ya no son los encargados de hacer todo el recorrido, sino que se compagina el transporte en camión con el de los animales. Debido a lo abrupto del terreno la carretera no puede llegar hasta la viña, por lo que el burro es el encargado de transportar las uvas hasta la carretera más cercana donde se encuentra el camión que las llevará hasta el secadero, conocido como “pasero”. La vendimia es un trabajo mucho más cuidado y entretenido de que puede pensarse. Los racimos de uvas son sumamente delicados y por ello hay que tratarlos con mucho cuidado para que no se estropeen, incluso a la hora de colocarlos en las cajas deben ir todos en la misma posición.

Los secaderos o paseros están inclinados hacia el este, para que de esta forma el sol dé a las uvas de frente y consigan secarse y convertirse en pasas rápidamente.

Paseros o toldos
Paseros o toldos
Paseros o toldos

El pasero tiene dos patas y mide 10 metros de largo. Las mujeres son las encargadas de colocar o tender, como popularmente se le denomina, las uvas en el pasero. Gracias al sol las uvas irán perdiendo el jugo y secándose.

Una vez que se han secado por un lado, hay que darles la vuelta para que el racimo quede totalmente hecho pasas.

Por la noche sobre el pasero y para evitar que el rocío de la noche o las posibles tormentas de verano puedan estropear la cosecha, se extiende una lona impermeable que protege los racimos de uva-pasa.

Una vez que los racimos están hechos pasas se recogen en cajas y se llevan a la casa donde toda la familia colaborará en la tarea de picar las pasas. La conocida como ‘pica’, consiste en separar con ayuda de unas tijeras las pasas de los racimos, es una tarea muy laboriosa y que requiere de una gran paciencia. Para esta tarea las gentes de la Ruta de la Pasa se ayudan, además de por las tijeras, por una especie de cajón pequeño de muy poco peso, donde se pican las pasas y que se llama ‘formalete’.

Tijeras y cribas
Tijeras y cribas
Tijeras y cribas.

Uno de los mayores enemigos de los viñeros son las avispas y los tábanos, ya que las uvas son un fruto por el que estos insectos sienten verdadera debilidad. Pero, las uvas que muerdan estos insectos se convertirán automáticamente en desecho. Los agricultores ponen remedio a este problema con una especie de red tupida que se coloca sobre el pasero cortándole así el paso de entrada de los insectos hacia las uvas.

Una vez que las pasas son picadas tan sólo queda por dar un último paso, la clasificación.

Esta se hace en función del tamaño: pequeño, normal, grande y extra; que en lenguaje de los viñeros son: aseado, medio y reviso. Para la clasificación se utilizan las cribas. En pequeñas cantidades van cayeron las pasas a las cribas, que se agitan quedando dentro sólo aquellas que tienen un tamaño adecuado. El resto caen al suelo y deberán ser sometidas a otra criba de menor calibre. Aquellas pasas que no tienen un tamaño adecuado para su venta, junto con las pasas de desecho, se destinarán para hacer vino.

Para su venta deben ser clasificadas en cajas. Antiguamente eran los propios viñeros, quienes compraban maderas y clavos y fabricaban sus propias cajas. Pero, ahora lo normal es usar cajas de plástico, ya que será en la fábrica o cooperativa donde se encarguen de darles un formato atractivo para su posterior venta o exportación.

Panorama actual

En el último año el precio de su venta viene oscilando entre los seis y los treinta euros, un precio bastante razonable y que se viene manteniendo estable durante hace ya algunos años. No obstante, los agricultores ven peligrar la venta de la pasa moscatel, debido a dos problemas fundamentales:

  • Por un lado nos encontramos con la introducción en nuestro país de pasas de peor calidad, provenientes sobre todo de Argentina y de Europa del Sur y que se venden a un precio mucho más bajo. Tal es la situación del sector que grandes partidas de pasas de las dos últimas cosechas, continúan almacenadas en las cooperativas y almacenes. Y aún es peor si tenemos en cuenta que otras partidas preparadas para su exportación han sido devueltas a su lugar de origen, por habérseles adelantado los productos extranjeros, que aunque de peor calidad resultan mucho más rentables para los grandes comerciantes.
  • El otro gran problema es la falta de mano de obra con la que cuenta este cultivo. Los jóvenes ante lo laborioso de este cultivo y la falta de comercialización han optado por abandonar el campo y probar suerte en la ciudad.
  • De esta forma muchos viñeros miran con temor y desencanto el futuro de la pasa moscatel y saben que si no fuera por las ayudas que reciben el sostenimiento del sector no sería posible.

Ayudas

La Junta de Andalucía y asociaciones agrarias gestionan 3,6 millones de euros en ayudas de la Unión Europea destinadas al cultivo de la pasa moscatel, ya que está perdiendo rentabilidad y necesita dichas ayudas para no desaparecer. Las ayudas incluyen una partida de unos 2,7 millones de euros destinada a incentivar la producción y que se percibirán anualmente en función de la misma y otra de 144 millones de pesetas para los agricultores que son “respetuosos” con el medio ambiente.

Esta última, que es la que actualmente está obteniendo más éxito entre los agricultores, ya que las nuevas directrices de la reforma de la Política Agrícola Común de la Unión Europea (PAC), inciden tanto en el desarrollo sostenible, como en el reconocimiento del papel de la agricultura en la generación y protección de valores ambientales, sociales y culturales que tienen una consideración creciente en la sociedad actual.

En este contexto dentro de las medidas complementarias de reforma de la PAC, se promulgó el Reglamento (CEE) 2.078/92 del Consejo, de 30 de junio, sobre métodos de producción agraria compatibles con las exigencias de la protección del medio ambiente y la conservación del espacio natural, que establece un régimen de ayudas, financiado en gran parte con fondos comunitarios, para compensar a los agricultores que se comprometan a mantener este tipo de métodos, por las pérdidas de renta debidas a la reducción de la producción o al aumento de los costes de ésta y por la contribución que aporta a la protección del medio ambiente. Entre los objetivos de esta ayuda se encuentran ayudar al mantenimiento de técnicas de cultivo que luchen contra la erosión y los incendios y conserven el paisaje.

Un poco de historia

La pasa moscatel es un producto de enorme valor tradicional y cultural para Andalucía y particularmente para la provincia de Málaga, donde su producción se daba ya en la época de los Reinos Árabes. Pero, su cultivo se remonta a Oriente Próximo, donde se han encontrado granos de uva del año 3.500 antes de Cristo. Los egipcios fueron los propulsores de este producto, ya que en algunas pinturas de esta civilización aparecen personas provistas de abanicos para cazar los insectos que atacaban los viñedos. En la antigua Grecia se consideraba como la bebida de los dioses y hasta contaba con su propio Dios, llamado Baco, famoso por sus fiestas (bacanales) donde no faltaba el vino. El cultivo de la uva se fue extendiendo a lo largo del Mediterráneo con las sucesivas civilizaciones hasta llegar a España con los godos, experimentando una fuerte expansión en época musulmana, donde Abad Al Rahman III habla de la existencia de viñedos en toda la Axarquía.

Su aprovechamiento, actualmente estabilizado, ha venido en decadencia desde que en el siglo XVIII y parte del XIX, representó una de las actividades agrícolas y comerciales más importantes de la provincia de Málaga. Actualmente en Málaga, la producción de pasa moscatel asciende a 1,7 millones de kilos de pasas, que se cultivan en 5.702 pequeñas explotaciones repartidas entre 27 municipios de la comarca de la Axarquía y que suman 2.881 hectáreas de cultivo, que justifican el mantenimiento de este sector.