
C/ Nueva, nº 3 |
Aún en nuestras calles,
nos asaltan visiones extrañas que ponen notas fantásticas
en el quehacer diario. Visiones agazapadas en el polvo metropolitano
esperando la ocasión para sorprender al viandante curioso
entre ofertas y rebajas, músicos callejeros y saltimbanquis
varios, se para conmovido por una sombra del pasado. Desafiando
al neón, al rutilante luminoso, al escandaloso eslogan,
aferra su zarpa las formas impuestas por el hierro, domeñando
su fiereza al saber estar de la función práctica,
que las manos humanas, y no divinas, le dieron para tal cometido.
Contra el tiempo, contra el hoy, esta figura seudo-mitológica
clama con su fuerza nuestro ensimismamiento de individuos urbanos.
Si nos tropezamos con ella, estamos condenados a preguntarnos
qué habrá tras esta puerta, y es más, si
seremos capaces de llamar a ella sin comprometer nuestra pobre
alma inmortal, tan devaluada últimamente. Tal es la fuerza
del paganismo de antaño que se nos antoja que más
que un mercenario óbolo, debamos penar por nuestra desidia
cotidiana, y temblemos al pensar que alguien tras la puerta pueda
preguntar: Quién va...
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