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REFLEXIONES SOBRE EL PATRIMONIO URBANO:
EL CEMENTERIO ANTIGUO DE ÁLORA

Francisco José Rodríguez Marín

Templo de verdad
es el que mira
no desdiga la voz
el que te advierte
que todo es ilusión
menos la muerte
hoc e mihi erastibi


Inscripción de una lápida a la entrada del cementerio de Álora

Las devociones populares de Álora se hayan presentes en la iconografía de las lápidas.
Foto: Francisco Rodríguez Marín

 

Con la denominación popular de Las Torres se conoce en Álora a un conjunto que sustenta su singularidad en aunar en un mismo espacio los restos de la primitiva fortaleza musulmana, la cabecera de un templo gótico y el cementerio, recientemente clausurado y sustituido por otro de nueva construcción en las afueras del casco urbano. Esta yuxtaposición de elementos patrimoniales tan diversos constituyen en sí la evidencia material de la historia del pueblo, pues representan a todas las etapas culturales que se han venido sobreponiendo, con sus distintas necesidades y sensibilidades.

El primer espacio para enterramiento: la antigua parroquia

La toma de Álora ha propiciado numerosas referencias bibliográficas y plásticas, pues aparece representada en el segundo tablero de la sillería coral de la catedral de Toledo. Algunas de éstas afirman que el castillo conserva restos de estructuras visigóticas, pero en su mayor parte fue reconstruido durante la dominación islámica. El episodio histórico de la muerte del Adelantado de Andalucía, Diego de Ribera, acaecido en 1434, cuando, confiado, levantó su celada y recibió una saeta, inspiró la creación de un famoso romance, que iniciado como "Álora, la bien cercada...", se ha encargado de propagar la fama de inexpugnabilidad de la que gozaron sus defensas.

Tras numerosos intentos fallidos, la toma de la ciudad tuvo lugar en 1484, cuando en el transcurso de la campaña de Málaga el rey católico le puso sitio el 11 de junio. Las habilidades de los capitanes de su ejército y la eficacia de las lombardas, que derribaron dos torreones y parte de un muro, hizo sucumbir también la seguridad de los moradores de la plaza, que se rindieron el día 201.

Tras la solemne entrada procesional del rey Fernando se consagró la mezquita como iglesia cristiana bajo la advocación de Santa María de la Encarnación2, constando la fecha del 26 de junio de 1484 como la de erección de la parroquia3. La tradición afirma que la primera celebración religiosa que acogió el nuevo templo fue el bautizo del hijo recién nacido de una de las prostitutas que solían acompañar a la tropa4.


Una vez tomada Málaga, a finales del siglo XV, se acometió la distribución de tierras y propiedades entre los nuevos pobladores cristianos. Eliminado el peligro musulmán no había motivos para evitar traspasar la barrera de las murallas del viejo castillo. Diego Fernández se construyó una casa que lindaba con el cementerio de la iglesia y la plaza, y Martín González, otra que alindaba también con el mencionado cementerio5.

La inicial mezquita adaptada pronto fue sustituida por un nuevo templo que debió construirse en los últimos años del siglo XV, una de las escasas arquitecturas góticas que se conservan en la provincia. Arruinado por el terremoto de 1680, sólo conservaba la cabecera y un arco de una de las naves laterales cuando lo visitó en 1874 el arquitecto malagueño Manuel Rivera Valentín. Interesado por el pasado islámico y medieval6, sus conjeturas se materializaron en un artículo de prensa7 en el que interpretaba los restos como pertenecientes a un amplio templo de planta rectangular de tres naves, con cubiertas de bóvedas de aristas, muy pronunciadas, en las naves laterales. Este espacio sagrado fue también el primer lugar de enterramiento de Álora, y en un documento fechado en 1685, Joseph del Castillo, descendiente de uno de los combatientes de la guerra, afirmaba que poseía "capilla y entierro en la Parroquial, con la advocación del Dulce Nombre de Jesús". Esta duplicidad de advocación no debe extrañarnos, pues existen documentos de 1561 que confirman la devoción hacia esta imagen que presidía esta iglesia, que al menos en 1641 ya contaba con una cofradía que le rendía culto en la figura de un Nazareno8.

El ámbito urbano de la Álora medieval quedaba reducido al espacio comprendido entre los muros de su castillo, situado estratégicamente en la cima de un alto cerro a cuyos pies discurre el río Guadalhorce. La fuerte pendiente que se dibuja tras la cabecera de la iglesia determinó que la población se expandiese fuera de las murallas y en dirección opuesta, hacia el valle. La zona alta, más incómoda, se fue despoblando casi de forma simultánea, y en 1680, este barrio, denominado Villavieja, se hallaba próximo a desaparecer9.

El segundo espacio para enterramiento: la parroquia nueva

A comienzos del siglo XVII integraban la población de Álora más de 600 vecinos, a los que, además de resultarles incómodo el emplazamiento de la iglesia, ésta no acogía ni a la décima parte. El obispo Blanco de Salcedo fue sensible a la aspiración de los habitantes de disponer de un nuevo templo en la plaza baja, pero aunque se cita la fecha de 1600 como la del inicio de las obras, es en 1602 cuando se documenta la compra de cinco viviendas contiguas al hospital de San Sebastián para, sobre su solar, iniciar la apertura de los cimientos. Aunque ejecutadas por los alarifes locales Juan de Daza y Miguel Díez de Padilla10, la autoría y la dirección de Pedro Díaz de Palacios, maestro mayor de la catedral de Málaga, parece estar detrás de todas las actuaciones11.

La escasa entidad de la población, que sufragaba el coste de las obras a sus expensas, y el esfuerzo económico, realizado de forma casi simultánea, para emanciparse de la jurisdicción de Málaga, explica que el templo no se terminase hasta 1699, consagrándose al año siguiente. Sin embargo, los deseos de abandonar la antigua iglesia eran tan vehementes, que en 1668, estando aún en alberca (sin techumbre), comenzaron a utilizar la nueva como enterramiento. El 13 de octubre de 1675 tuvo lugar el último bautizo en la parroquia antigua, que, por otra parte, quedó arruinada tras el terremoto ocurrido el 9 de octubre de 1680, manteniéndose en pie la torre de ladrillo, aunque sin chapitel, y la cabecera12.

El nuevo templo, de tres naves, puede ser calificado de manierista, y pertenece al reducido grupo de iglesias columnarias realizadas enteramente en cantería de piedra, de los que existen otros ejemplos en Andalucía13.

En 1799 se construyó junto a la sacristía un cementerio parroquial, en el que fue inhumado, cuando aún se hallaba en construcción, el beneficiado Tomás Estrada Brazas14. Emplazado junto a una de las puertas laterales del templo, la que se abría a la calle Bermejo, el cese de su uso dio pie a que el atrio construido sobre el mismo fuese conocido popularmente como "el panteón". Una vez demolidos los nichos se construyeron sobre este solar diversos almacenes para las hermandades y después, la capilla del Sagrado Corazón de Jesús15.

 

Arquitectura islámica y funeraria conviven en el cementerio de Álora.
Fotos: Rodríguez Marín
La torre de la antigua parroquia, uno de los escasos elementos que sobrevivieron al terremoto de 1680.

La cercanía de la arquitectura defensiva musulmana ha trascendido en la forma de los panteones.

 

Cambios legislativos: el primer cementerio de Álora

Con la Ilustración llegaron también nuevos conceptos e ideas relacionadas con la higiene pública que cuestionaron la práctica de inhumar dentro de las iglesias, con casi veinte años de retraso respecto a otros países de Europa16. El Reglamento del cementerio que Carlos III hizo construir en el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso (Segovia) fue la base de la Real Cédula de 1787 que prohibió enterrar en los templos y obligaba a construir cementerios en las afueras de las poblaciones17. Lo arraigado de la costumbre y las limitaciones económicas de los municipios retrasaron el cumplimiento de la orden, cuyo mandato, con algunas matizaciones, fue reiterado en la Orden Circular de 26 de abril de 180418 y en la Orden de 6 de noviembre de 1813.

Al margen de las disposiciones legales, circunstancias coyunturales venían a corroborar lo que la lógica y la higiene pública reclamaban. La hambruna que padeció Álora en 1812 y el gran número de fallecimientos que hubo obligó a habilitar una fosa común a la salida de la calle Ancha, en un paraje conocido como "la hoyanca", a donde eran conducidos los cadáveres por el sepulturero a lomos de un pollino19.

La decisión de trasladar las inhumaciones, como exigía la normativa, a un lugar fuera del casco urbano situado en paraje ventilado, fue adoptada en 1818. En este sentido el despoblamiento experimentado por la parte alta del pueblo facilitó que la elección recayese en las Torres, más que sobre el castillo, sobre el solar de la antigua iglesia, cuyos restos fueron restaurados entonces para convertirla en capilla del cementerio20. Sus antiguos muros reedificados constituyeron el primer camposanto, devolviendo al solar un uso funerario que ya había tenido hasta el siglo XVII, con lo que al mantener el paraje evidencias de su carácter sagrado, el cambio pareció menos brusco y más fácilmente asimilable por la mentalidad de los lugareños. La fortaleza ya se hallaba entonces en muy mal estado, pues durante la ocupación francesa las tropas invasoras habían obligado a los habitantes a efectuar demoliciones que anulasen la capacidad ofensiva y defensiva de la fortaleza21. Conforme se fue haciendo necesario, el castillo fue suministrando espacio para las sucesivas ampliaciones, hasta configurar los cinco patios que integran el actual camposanto.

Uso del cementerio: casi doscientos años de historia

El Libro de Defunciones de la Parroquia aporta el dato de la última inhumación que tuvo lugar en la iglesia de la plaza baja (actualmente denominada de la Despedía), que correspondió a Juan Reinoso Oviedo, el 24 de julio de 1820, y el primer entierro en el nuevo cementerio correspondió a Juana García, el 3 de agosto del mismo año22. No obstante, las Torres debía distar aún se mostrar las condiciones requeridas para ser considerado cementerio, pues el municipio se dirigió a la Diputación Provincial en demanda de ayuda económica con las que afrontar las obras. El organismo supramunicipal contestó en mayo de 1821 que, con arreglo a lo dispuesto en la ley de 1813, elaborase un presupuesto, y que si los propios carecían de los fondos necesarios propusiese la creación de arbitrios23.

El cementerio era cuidado por un personaje apodado "pata de palo" en alusión a la prótesis acoplada a una de sus piernas, y la condición de ermitaño que se le daba indica que asumía también el cuidado de la antigua parroquia readaptada, que pasó a ostentar la condición de capilla del cementerio, o ermita, dado su alejamiento del pueblo.

Con el cementerio ya en uso se recibieron en el Ayuntamiento de Álora nuevas requisitorias para que la prohibición de inhumar en las iglesias no tuviese excepción alguna. Dada en Granada en 18 de junio de 1820, una anotación manuscrita realizada al margen da cuenta del traslado al párroco con fecha 30 de julio. En uso de sus atribuciones legales, el 10 de marzo de 1821 fue el Gobierno Político de Málaga el que remitió un nuevo escrito en el que se reconocía que en muchas poblaciones que disponían de cementerios, no se hacía uso de éste por las dudas que suscitaban acerca de si eran o no lugar sagrado24. El escrito solicitaba respuesta acerca de si en la localidad había cementerio, si cumplía los requisitos dispuestos en la ley de 1813 y si contaba con cerca que lo protegiese de animales.

La puesta en uso del cementerio público permitió a su vez resolver el problema suscitado por los fallecidos de religión protestante, que también pasaron a ser inhumados en él25. Prueba de la aceptación del camposanto es que se iniciase el proceso de construcción de panteones familiares. El primero de los que se tiene constancia data de 1889, que es cuando Josefa Morales Sánchez solicitó del municipio la venta de una parcela de 7 x 7 metros para la construcción de un panteón. Los maestros de albañilería locales Francisco y Cristóbal Salas Garrido tasaron el terreno en 25 ptas., y el 31 de octubre se celebró pública subasta, a la que concurrió, como único postor, Miguel Bootello Morales, en representación de la interesada, a la que se adjudicó el terreno26. Este mausoleo fue reedificado en 1935.

A éste siguieron otros construidos por las familias mas destacadas del pueblo. No obstante, la mayoría de las inhumaciones tenían lugar en nichos, abonando cada vez periodos de permanencia que oscilan entre los tres y los cinco años27, de ahí que la lápida más antigua que se mantiene en su emplazamiento original date de 1885, resultando una excepción, pues la mayoría son de los años cincuenta en adelante28.

Ante el altar mayor de la capilla fue inhumado el 9 de enero de 1900 el Ilmo. Sr. D. Francisco de Paula Márquez Navarro, abogado y rico propietario que representó en las Cortes, durante dos legislaturas, al distrito de Antequera, fue gobernador civil de Córdoba y otras provincias y ostentó varios altos cargos en el Ministerio de Gracia y Justicia. El motivo de esta distinción se halla en que él sufragó la restauración del pavimento de la capilla, mientras que su esposa, Concepción Enríquez Antolínez de Castro, reparó, ya después de su muerte, la techumbre29.

La inauguración del cementerio deslindó únicamente el lugar de inhumación, pues el oficio de difuntos continuaba celebrándose en la parroquia, es decir, en la iglesia de la plaza baja del pueblo. A su término se conducían los cadáveres hacia el cementerio público por la calle Ancha, hasta llegar a la cima del monte. Allí varias cruces dispuestas en las paredes o en nichos indicaban un doble cometido, pues esta calle era a su vez la vía dolorosa por la que se celebraba el piadoso ejercicio del vía crucis durante los viernes de la cuaresma30. El responso se hacía frente a la calle Real o la de Bermejo, según fuese el recorrido. Desde comienzos de julio de 1927, los entierros pasaron a ser despedidos en el atrio de la portada principal31.

En 1936 el episodio de la quema de iglesias y destrucción del patrimonio sacro también afectó a Álora, sucumbiendo la imagen del Jesús Nazareno de las Torres, venerado en la capilla del cementerio, cuya imagen parecía datar del siglo XVII. El actual es obra del imaginero aloreño afincado en Granada José Navas-Parejo, que lo realizó en 1945 siguiendo el modelo de Jesús de la Misericordia de Málaga, concluido un año antes32. En la actualidad, a la devoción generada por esta imagen se suma la de la Virgen de Ánimas, que recibe culto en esta misma capilla y cuya advocación se haya íntimamente ligada a la función de la necrópolis.

 

La devoción a Jesús de las Torres ha constituido un hilo conductor a lo largo de la historia.
Foto: Suárez-Chamorro
La ocupación de la fortaleza medieval ha generado un interesante modelo de ordenación del espacio.
Foto: Rodríguez Marín
Una observación detenida nos aportará una historia del pueblo y sus personajes.
Foto: Suárez-Chamorro

 

El cementerio de Álora: lecturas de un patrimonio

De la imagen que este singular conjunto ha proyectado en visitantes e historiadores ha quedado reflejo en varias obras. El prolífico escritor Augusto Jerez Perchet, en su obra Málaga Contemporánea, describe el aspecto que presentaba en 1884 el castillo y el cementerio, resaltando su función de belvedere, la desabrida cuesta sin pavimentar que conducía hasta el lugar y la ausencia de árboles que proporcionasen flores y sombra33. Francisco Pacheco Ruiz, en un artículo divulgativo de cara al turismo dedicado al castillo de Álora y publicado en 1929, resaltaba su función de atalaya, y, de acuerdo con la restrictiva concepción de patrimonio imperante en estos años, recomendaba la abstracción del ánimo contemplativo dentro "del lúgubre recinto sagrado"34.

En los años cuarenta del pasado siglo, Narciso Díaz de Escovar, conjuntamente con el escritor Salvador González Anaya y el pintor Moreno Carbonero, realizaron una visita a este enclave, en el que éste último realizó unas fotografías para cederlas a la Academia de Bellas Artes de San Telmo35. Juan Calderón, en su obra Álora. Sus gentes y sus cosas, demostrando una mayor sensibilidad más acorde con los tiempos actuales, elogia la singularidad del cementerio y sus valores paisajísticos36.

Como no podía ser de otra manera, el de Álora quedó recogido en la obra Cementerios de Andalucía, magníficamente editada en 1993. Como en los casos de los cementerios de Benadalid (Málaga) y Almuñécar (Granada), que se ubican en el interior de castillos, o Villaluenga del Rosario (Cádiz)37, en el interior de una iglesia arruinada desde comienzos del siglo XIX, el de Álora fundamenta parte de su interés en esta circunstancia y en el particular y caótico urbanismo interior que el aprovechamiento del suelo ha generado mediante la construcción de nichos y tumbas, configurando calles y adarves como si la Álora medieval no hubiese abandonado aún sus muros.

Lamentablemente, éste y otros valores se pusieron en peligro en el momento en el que, por parte del Ayuntamiento de la localidad, se anunció la clausura y el consiguiente desmantelamiento del camposanto. La inquietud suscitada entre sectores de la cultura y de expertos en patrimonio ha generado también una secuencia de artículos en tono de denuncia38.

En consonancia con esta preocupación, en julio de 1999 realizaron una visita al recinto un grupo de especialistas, que se brindaron al Ayuntamiento para asesorarle en una materia tan delicada, pero poco después se iniciaron las exhumaciones de este enclave que puede calificarse de histórico y cuyo delicado equilibrio ha resistido el paso del tiempo. En enero del 2000 la Asociación de Amigos del Cementerio de San Miguel, conjuntamente con el Departamento de Historia del Arte de nuestra Universidad, y la Academia de Bellas Artes de San Telmo, dirigieron escritos a la Delegación Provincial de Cultura reclamando la incoación de un expediente de declaración, como Bien de Interés Cultural, para este conjunto de Álora.

Curiosamente, la vigente ley del Patrimonio Histórico de Andalucía de 1985, en su Disposición Adicional Primera, dispone que los bienes que con anterioridad hayan sido declarados histórico-artísticos, "pasan a tener consideración y a denominarse Bienes de Interés Cultural", y un decreto de 1955 declaraba monumentos histórico-artísticos a todos los castillos de España, independientemente de su condición, época o estado de conservación. La figura del BIC, la de más alto rango que contempla nuestra legislación sobre patrimonio, incluye la delimitación de un entorno en el que la Administración ejercería una vigilancia y fijaría unas normas de actuación. En este sentido el proceso de monda que actualmente se esta efectuando en el cementerio de Álora vulnera lo previsto en nuestras leyes, y, lo que resulta más grave, va a mutilar gravemente un singular conjunto histórico con el dudoso objetivo de reconstruir algo que, ante todo, carecería de veracidad.

El pasado 10 de noviembre de 2001, en la ciudad italiana de Bolonia39 se constituyó ASCE (Asociación Europea de Cementerios Monumentales), entre cuyos objetivos se encuentran promover la rehabilitación de camposantos singulares, difundir y promover su estudio y conocimiento y facilitar su incorporación a los circuitos culturales y turísticos. Constituye una iniciativa encaminada a revalorizar esta parcela del patrimonio histórico y a facilitar su conversión en un recurso generador de riqueza, a la que se han adherido 11 municipios europeos y a la que, en breve, se sumarán otros ocho, Madrid y Málaga entre ellos.

Frente a esta actitud abierta aún se contraponen otras que aún adolecen de caducos prejuicios a la hora de conceptualizar el patrimonio. A la entrada del camposanto de Álora, el panteón de D. Miguel Morales (+1898), presidente que fue de la Excma. Diputación Provincial de Málaga, cuenta, a la vez que con una notable reja de fundición, con una cruz que le dedicó el Ayuntamiento de Álora. Junto a él se almacenan los restos de columnas y lápidas de los nichos desmantelados. Pocos parecen apreciar que éste y otros panteones, que con sus arcadas sugieren la cercanía de los restos islámicos, los originales epitafios que integran la denominada "literatura de consolación", o las lápidas que representan imágenes del nazareno de las Torres como evocaciones de las devociones populares, son también patrimonio histórico y cultural.

Es evidente que la originalidad del castillo-cementerio de Álora exige de cuidados y de una gestión que potencie su uso cultural, pero estas actuaciones nunca deberían acometerse a costa de una importante merma de sus valores. El arco musulmán de ingreso al patio superior muestra un alto grado de interés arquitectónico a la vez que un preocupante estado de conservación, pero la revalorización de éste y otros elementos medievales armonizan perfectamente con aquellos otros que constituyen una evidencia de la historia contemporánea de la localidad.

 

Diversidad tipológica: el patio alto muestra una curiosa fusión entre espacio arbolado y zona de enterramiento.
Foto: Suárez-Chamorro
Arquitectura islámica y funeraria conviven en el cementerio de Álora
Foto: Suárez-Chamorro
La naturaleza delata el paso del tiempo.
Foto: Francisco Rodríguez

 

1SERRANO DÍAZ, Emilio, Castillos de Andalucía vol. III (Almería y Málaga), Revista Geográfica Española, Madrid, 1967, pp. 68-69. (volver)
2 GUILLÉN ROBLES, Francisco, Historia de Málaga y su provincia, vol. I., 1874, edición facsímil de Arguval, 1985, pag. 378.
3 GUEDE FERNÁNDEZ, L. y GÓMEZ MARÍN, R., Historia de Málaga. Vicarías. Desde su restauración hasta hoy, Imprenta Hnos. Rodríguez, Málaga, 1983, pag. 23. (volver)
4 DÍAZ DE ESCOBAR, Narciso, "La expedición de Álora", recorte de prensa fechado en 1904 en (A)rchivo (D)íaz (E)scovar, caja 25 doc. 6-5-9. (volver)
5 BEJARANO PÉREZ, Rafael, Los Repartimientos de Álora y de Cártama, Aula de Cultura de la Peña Malaguista, Málaga, 1971, pp. 133 y 155. (volver)
6 Vid. RODRIGUEZ MARÍN, F.J., "Manuel Rivera Valentín. Primero de dos generaciones de arquitectos malagueños", Boletín de Arte nº., 12, 1991, pp. 235-254 y "Nuevas aportaciones documentales a la biografía del arquitecto malagueño Manuel Rivera Valentín (1850-1903)", Boletín de Arte nº. 19, 1998, pp. 393-394, Dptº. de Hª. del Arte de la UMA. (volver)
7 Publicado en El Avisador Malagueño del 13 de noviembre de 1874. (volver)
8 (A)rchivo (T)emboury, 12.2b) 1.1 (volver)
9 A.T. 12.2b)6.1 y 6.7 (volver)
10 CARDIÑANOS BARDECI, Inocencio, "Fondos documentales para la Historia del Arte en Málaga y su provincia", Boletín de Arte nº. 22, Departamento de Hª. del Arte de la UMA, 2001, pp. 163-164. (volver)
11 AGUILAR GARCÍA, Mª. Dolores, Pedro Díaz de Palacios. Maestro Mayor de la catedral de Málaga, UMA y Caja de Ahorros Provincial, Málaga, 1987, pp. 68-69. (volver)
12 BOOTELLO MORALES, Antonio, Hojita Parroquial de Álora, Málaga, Tipografía Suc. de J. Trascastro, 1927, varios números. (volver)
13 CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario, Málaga barroca, Universidad de Málaga, 1981, pp. 372-373. (volver)
14 MADOZ, Pascual, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, 1845-1850, edición facsímil de Ámbito Ediciones, Salamanca, 1986, pag. (volver)
15 VÁZQUEZ GUERRERO, Gonzalo, Álora, mss. Mecanografiado en Biblioteca de la Diputación Provincial de Málaga, hacia 1950, pag. 19. (volver)
16 MORALES FOLGUERA, José Miguel, Arte Clásico y Académico en Málaga (1752-1834), Diputación Provincial de Málaga, 1994, pag. 150. (volver)
17 GONZÁLEZ DÍAZ, Alicia, "El cementerio español en los siglos XVIII y XIX", Archivo Español de Arte nº. 169-172, CSIC e Instituto Diego Velázquez, Madrid, 1970. (volver)
18 RODRÍGUEZ MARÍN, Fco. J., "Resumen histórico de los cementerios de Málaga en la época contemporánea", Una Arquitectura para la Muerte. I Encuentro Internacional sobre los cementerios contemporáneos, COPT, Junta de Andalucía, Sevilla, 1993, pag. 537. (volver)
19 BOOTELLO MORALES, A. Hojita Parroquial de Álora nº. 424, 15 de julio de 1930. (volver)
20 BOOTELLO MORALES, A., Hojita Parroquial de Álora, 1927, varios números. (volver)
21 VÁZQUEZ GUERRERO, G., op. cit. pp. 38-39. (volver)
22 BOOTELLO MORALES, A., Hojita Parroquial de Álora nº. 424, 15 de julio de 1930. (volver)
23 (A)rchivo (M)unicipal de (Á)lora, legajo 195. (volver)
24 Ibid. (volver)
25 Manuscrito informe de D. Bernardo Pizarro enviado a D. Ildefonso Marzo el 3 de diciembre de 1851. A.T. (volver)
26 A.M.A., legajo 195. (volver)
27 A.M.A. Libro donde va asentado lo cobrado por cementerio. Empieza el 1º de diciembre 1960 y termina el 31 de diciembre de 1963. (volver)
28 En el cementerio se conserva una curiosa lápida de barro cocido que data de 1833. Sobre la arcilla, aún blanda, se realizó, mediante líneas incisas, una compartimentación en rectángulos, una sencilla cruz y el epitafio: "Hay qe dolor para su padre y madre de a ver bisto. Fallecera un inocente de [...] Jesus [...] Aquí esta sepultado el cadaber de Jose Padillas Curricar que fallecio de edad de 12 años en el dia 18 de julio de 1833. Aunque aquí estoi sepultado mi alma os la llebo por mi padre y madre pido alcancen la salbacion. D.O.M.K.A (volver)
29 BOOTELLO MORALES, A., ibid. (volver)
30 BOOTELLO MORALES, A., Hojita Parroquial de Álora nº. 36 y 37, 15 de abril y 1 de mayo de 1914. (volver)
31 VÁZQUEZ GUERRERO, G., op. cit., pag. 18. (volver)
32 CHUST ESQUIVEL, Jesús, "Dulce Nombre de Ntro. P. Jesús Nazareno de las Torres. Álora", en VV.AA., Málaga Penitente vol. IV, Sevilla, Gever, 1998, pp. 79-80. (volver)
33 JEREZ PERCHET, Augusto, Málaga Contemporánea. Estudios y paisajes de la capital y la provincia, 1884, edición facsímil de la UMA, 1999, pag. 151. (volver)
34 PACHECO RUIZ, Francisco, "El Castillo de Álora", El Turismo en Málaga nº. 19, Delegación de Turismo del Excmo. Ayuntamiento, Málaga, 1929, pp. 10-11. (volver)
35 (A)rchivo (D)íaz de (E)scovar, caja 25 doc. 6-5-5. (volver)
36 CALDERÓN RENGEL, Juan, Álora. Sus gentes y sus cosas vol. II, Ilmo. Ayuntamiento de Álora, 1981, pp. 70-71. (volver)
37 RODRÍGUEZ BARBERÁN, Javier, "Cementerio Municipal de Álora", en VV.AA., Cementerios en Andalucía, COPT, Junta de Andalucía, Sevilla, 1993, pp. 118, 188 y 184-187. (volver)
38 RODRÍGUEZ BARBERÁN, J., "Cementerios de Andalucía", Boletín del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico nº. 23, 1998, pp. 4-5; ROJAS DRAGÓN, Jorge, "Casos singulares, problemas comunes: Álora", Boletín de la Asociación de Amigos del Cementerio de San Miguel nº. 1, Málaga, 2000. (volver)
39 El cementerio de Bolonia, dotado de un rico patrimonio escultórico, se emplaza en el interior de un monasterio cartujo medieval. Vid. PESCI, G. (ed.), La Certosa di Bologna, Bolonia, Editrice Compositori, 2001. (volver)