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Cuadernos • - 2004
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PATRIMONIO
DE LA DIPUTACIÓN DE MÁLAGA
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Tratemos de aproximarnos a esta obra sin título para conocer mejor a una figura pionera en la renovación de las artes en Málaga durante la segunda mitad de siglo. Artista de origen alemán afincado en la capital desde los años cincuenta, Stefan von Reiswitz realiza una profusa labor en distintos campos de la actividad creativa. Vamos a tratar de desglosar y encontrar significado a aquellos elementos que configuran la composición; seamos detectives por unos minutos y busquemos posibles claves que nos lleven a la resolución del extraño enigma que tenemos delante, aunque los problemas artísticos no siempre responden a una única solución, eso es precisamente lo que los hace extraordinariamente fascinantes. En primer lugar, empecemos enumerando los elementos que aparecen en el cuadro: una extraña arquitectura abierta en perspectiva frente a la base cerrada y compacta del suelo, un curioso híbrido centrado en primer plano con manos en forma de ganchos, uno de los cuales sostiene una gran bola de golf, un tenso y fino cordón con tres bombillas que cruza la composición en sentido horizontal y subraya aquella extraña forma indefinida que nos aparece al fondo. De ello deducimos cierto orden chocante e ilógico en la composición. Analicemos cada uno de sus elementos. Por un lado, el esqueleto arquitectónico está definido por las leyes racionales de la perspectiva a través de una estructura simétrica que se repite en el espacio. La disposición abierta de vigas horizontales y verticales destruyen el principio práctico de la arquitectura como estructura tendente a cerrar un espacio, quedando desfuncionalizada sin cubierta ni paredes, asumiendo en cualquier caso un valor decorativo o escultórico. Nos resulta difícil situar la escena en un espacio concreto cuando lo que la rodea es una única superficie oscura e indefinida. De este modo, los elementos que forman la composición parecen flotar en un universo ingrávido e intemporal alejado de las coordenadas de espacio y tiempo conocidos. Podríamos pensar que es la oscuridad de la noche la que no nos permite ver el espacio exterior, sin embargo, de ese exterior proviene una luz fría, lunar, de la que desconocemos la fuente e ilumina tan sólo elementos de ese "interior", entre ellos las vigas de la estructura que proyectan sus sombras, transformando una construcción estable y ordenada en una estructura insegura y misteriosa. Presidiendo la escena nos aparece un personaje desconocido, un extraño animal arcaico que parece provenir de otro mundo. Con uno de sus ganchos sostiene una pelota de golf, la cual aparece sobredimensionada, desvinculada de sus reglas de juego, que transforma su imagen sofisticada en algo banal e irónico. Además, este último elemento coincide en perspectiva con el fondo y hace que veamos aquella sustancia informe con una cierta definición circular. Por último, un elemento que de una manera clara distorsiona y altera la composición, el cordón y sus tres bombillas eléctricas, poniendo el acento en el ingrediente ilógico y surreal del cuadro, más si cabe cuando las bombillas no iluminan, y funcionan dispuestas como simples objetos decorativos desprovistos de su utilidad. Al mismo tiempo, el cordón que sujeta las bombillas se constituye en una perfecta y delgada línea recta que divide horizontalmente la composición en dos mitades desproporcionadas, de manera que la línea pasa justo por debajo de aquel objeto desconocido del fondo, subrayando su presencia, al tiempo que se contrapone a aquellas diagonales fugadas de la estructura arquitectónica que igualmente vienen a coincidir en este elemento. Tratemos ahora de interpretar los elementos analizados, de manera que podamos aportar aproximaciones al significado del cuadro. El autor parece valerse de los principios ordenadores, funcionales y lúdicos de la era moderna, representada a través de aquella arquitectura simétrica y perspectívica, de la bombilla eléctrica y de aquella pelota de golf, a los que despoja de sus reglas y principios básicos para transformarlos en constructores de un nuevo universo irracional, desordenado, decorativo y absurdo. La descripción de este ambiente ilógico y surreal es subrayado a través de la presencia del híbrido, extraído de aquel particular mundo stefaniano poblado de extraños seres-máquinas o animales mecanizados, y que algún crítico ha denominado stefangendros. La ubicación de la escena en un espacio indefinido nos enfatiza su halo de misterio e irrealidad, más si consideramos que se trata de una estructura que parece flotar en el vacío del universo. La pelota de golf se construye a través de una imagen real mediante un elemento extraartístico proveniente de una fotografía recortada, aunque tiene un mayor peso narrativo como elemento figurativo incorporado a la composición que como realidad material. Quizás podemos tomar este elemento real como los restos de nuestra civilización conocida establecida en los valores seguros y racionales de una era técnica que quedan tan lejos como aquel sustrato informe del fondo. Por tanto, la ironía stefaniana que pone en duda la seguridad de lo establecido frente al cultivo de la imaginación y la irracionalidad, cobra en esta composición una gran importancia. De esta manera coexisten dos realidades en el cuadro: la proyección sobre un plano de una estructura en perspectiva, que nos sugiere un espacio real, frente a un elemento extraartístico y real, la pelota de golf, que no se reafirma tanto en su realidad como en su valor representativo. Las fotografías pegadas y los trozos de papel recortado crean una rica gama de texturas y sensaciones matéricas, sin olvidar que todo ello queda sometido al peso narrativo de la figuración, que en Stefan es una constante de toda su obra. Por último, vamos a destacar el componente que a mi juicio tiene un mayor peso plástico como elemento unificador y a la vez desestabilizador de la composición. La línea recta que atraviesa el cuadro, que por otro lado no deja de ser un elemento figurativo representado a través del cordón y sus tres bombillas, divide su superficie en dos secciones, además de unificar toda la composición acercando los elementos del fondo a un primer plano y marcando la importancia de aquel objeto más lejano. Además es una línea trazada de lado a lado del cuadro, de manera que se sitúa fuera de la escena, enfatizando su carácter irreal y acentuando su valor plástico como línea compositiva y dinamizadora del espacio. A este respecto, podemos recordar composiciones en las que la línea se convierte en el elemento protagonista del cuadro como articulador de toda la superficie pictórica, caso del famoso La línea verde. Retrato de Madame Matisse (1905), donde la potente línea verde como eje central activa y distribuye los planos cromáticos dentro todavía de parámetro compositivos, frente a los cuadros de uno de los protagonistas de la abstracción postpictórica norteamericana de los sesenta, Barnett Newman, que, por el contrario, utiliza la raya que cruza la superficie monocroma del lienzo como activador del campo más que como estructurante compositivo. En el caso de Stefan, la composición y la representación son fundamentales, pero es interesante destacar el poder plástico que ejerce un elemento tan simple como esta delgada línea recta como dinamizador en la lucha de elementos, desestabilizador y unificador compositivo. La obra stefaniana nos relaciona con un mundo desconocido y misterioso, un universo particular con restos de nuestra civilización que adquieren una nueva dimensión irracional y mágica, invitándonos a la reflexión, aunque siempre en clave de humor 1. 1 Para profundizar en la vida y obra de Stefan von Reiswitz, véase el catálogo editado con motivo de su exposición monográfica celebrada entre el nueve de noviembre y el nueve de diciembre del 2001 en el Palacio Episcopal de Málaga. Reúne un compendio de lo más representativo de su obra pintada, esculpida y grabada. CASTAÑOS ALÉS, E., Stefan von Reiswitz 1952-2000, (cat.), Málaga, Consejería de Cultura, 20001. |
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