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Cuadernos • - 2004
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El tres de abril de 1979 es la efeméride histórica que marcó el inicio de los ayuntamientos democráticos, pero sobre todo es el manantial popular del cual emanó una Andalucía en libertad y en movimiento hacia la transformación de su territorio y de su propio concepto de identidad. Logros que hoy recordamos haciendo memoria y balance de un período, en el que Andalucía era definida como una sociedad subdesarrollada que soportaba un mayor desequilibrio entre las grandes urbes y las zonas de interior, además de carecer de instituciones políticas propias y de las necesarias infraestructuras de sanidad, educación y cultura, sin olvidar que la existencia de un tejido industrial débil y la precariedad agraria provocaban una continua corriente de emigración. Ese era el marco de déficit económico, conflictividad y reivindicaciones, en el que los andaluces tomaron conciencia de su ciudadanía como valor democrático y participación en la comunidad política. Esa determinante y esperanzada decisión de cambio y de progreso facilitó que entrase en vigor la primera cultura del pacto de izquierdas, para defender la consolidación democrática en el ámbito de lo local y que el proceso de cambio se formalizase en España con el triunfo electoral del partido socialista en 1982. De ese modo la democracia local supuso el primer paso hacia la articulación de la Autonomía, abriendo así la etapa de la primera modernización de Andalucía y el consiguiente impulso en torno al equilibrio entre las grandes urbes y las zonas de interior, la preocupación por hacer realidad una amplia red de servicios públicos, la cohesión del territorio mediante modernas infraestructuras de comunicación, el desarrollo de las políticas de igualdad, solidaridad y bienestar social, así como la integración en Europa y la creciente presencia de nuestra comunidad en los mercados internacionales. Sin embargo, ese salto cualitativo y cuantitativo de Andalucía, durante estos veinticinco años, ha de llevarnos a afrontar ahora, con inteligencia, audacia y solidaridad, el reto de la segunda modernización. Un proyecto colectivo que aspira a la consecución de una región más emprendedora, innovadora y competitiva, basada en el fortalecimiento de empresas cualificadas y con capacidad de riesgo, en la integración de Andalucía en la Sociedad del Conocimiento, el desarrollo sostenible, el objetivo de ser el referente para el diálogo, la cooperación, el progreso y estabilidad de la zona mediterránea, en la erradicación de las rémoras concernientes al analfabetismo funcional y al paro, igual que es fundamental construir un modelo social que articule respuestas eficaces y urgentes a la globalización mercantilista, a los requerimientos de la nueva ciudadanía multicultural y a las inseguridades crecientes respecto a la temporalidad del trabajo, el difícil acceso a la vivienda, el aumento de la violencia de género y a la inseguridad ambiental. Este nuevo contexto pone de manifiesto la imprescindible e inevitable aplicación práctica de los principios de descentralización y proximidad de la labor municipal, con objeto de modernizar la administración, aumentar la eficacia y la rapidez en el gobierno que hemos de acercar a la ciudadanía y convertirlo así en un aliado de dicha ciudadanía, de las empresas, de las demandas directas y funcionales del espacio urbano-provincial y del propio asentamiento de una democracia participativa e innovadora que, desde un mayor desarrollo de las competencias municipales, consolide el incremento de la prestación de más servicios cuyo resultado será la calidad social, desde la proximidad. Por todo ello, la segunda modernización de Andalucía ha de estar sujeta al desarrollo de políticas enfocadas a múltiples escalas territoriales de gobierno, al impulso y mejora de los convenios interinstitucionales y, sobre todo,
a la reforma de la financiación de los gobiernos locales, actualmente sujetos a la deficiencia financiera y a las escasas transferencias de competencias autonómicas a los ayuntamientos que se desprenden del inestable voluntarismo del gobierno de la Comunidad. Una situación presente que resta solvencia de ejecución al ámbito de lo local y que podría solucionarse a través del denominado Pacto Local, facilitando así que los ayuntamientos participasen satisfactoriamente (al menos en un 25%) de los ingresos del Estado. No olvidemos que donde se puede actuar con mayor eficacia, realizar un reparto más racional de los ingresos transferidos y conseguir una mejor prestación de servicios específicos en las ciudades medias y en los pequeños municipios del mundo rural, es en el ámbito de lo local. El territorio y el instrumento que permite la mayor implicación y cooperación cívica con la política, encaminada a lograr la efectividad de su acción conjunta en la toma de decisiones y en el fortalecimiento de la cohesión social. Fundamentos sobre los que, sin duda, reside el progreso y el futuro de Andalucía y de todos los andaluces y andaluzas. Salvador Pendón Muñoz |
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