Cuadernos • - 2004
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LA ESTUPIDEZ HUMANA Y LA GASTRONOMÍA

Manuel Maeso

La estupidez parece un apéndice inseparable del comportamiento humano, aunque no tengo claro si forma parte, o no, de su naturaleza intrínseca. Prefiero pensar lo segundo y seguir creyendo que es posible un camino de perfección para la especie.

Se viene sosteniendo por los “progresistas-centristas” que la estupidez de los grupos sociales ha encontrado sustrato histórico en la ignorancia, en la indignidad de la miseria y en el precipitado deseo de superar esa situación, en cuanto a los pobres, y en las difícilmente superables desmesuras que supone tener mucho de todo, por parte de ricos y poderosos. Los fanatismos-integrismos-fundamentalismos podrían ilustrar esta tesis de la estupidez de los débiles, agarrándose a creencias fuertes y duraderas, mientras que los papanatismos-manierismos ilustrarían la de la tontería social de los pudientes, necesitados de superficialidad para compensar el peso de la profundidad de sus responsabilidades.

De este planteamiento se deriva la necesidad de encontrar un espacio en el centro donde se resuelvan los excesos de imbecilidad y se halle, por fin, la sensatez. Ese espacio medio se ha dado en llamar también clase media, renta media, perfil medio, incluso democracia a secas –por no decir media democracia-, etc, etc.

El problema de este planteamiento sobreviene cuando se comprueba que la democratización de la sociedad y sus riquezas, amén de suponer cierta extensión de la racionalidad, supone también, y en mayor medida, la extensión de la estupidez en su versión media -la mediocridad- y no el alcance del espacio centro, sino el de una zona inmensamente gris.

Evidentemente algo falla en esta teoría. Quizás otro día nos divirtamos desentrañando las claves de su equivocación. De momento desvelar su paradoja nos ha servido de introducción para hablar -ya era hora- de gastronomía.

Historia de la Gastronomía Estúpida

Las artes en general y la gastronomía en particular son, por su propia condición, terreno propicio para el florecimiento de la estupidez y la estulticia. Reunida ante una mesa la humanidad ha escrito páginas brillantes, muchas, demasiadas, en honor a la diosa frivolidad, el oropel y el esnobismo.

Desde el romano APICIO, mas famoso por su habilidad para sorprender a la decadente aristocracia de su tiempo con lenguas de faisán, tetas de elefanta lechal, pichas de jabato ibérico, culos de chimpancé novicia..., que por cualquier otra cosa, pasando por el patetismo de la gastronomía para yupis de las pasadas décadas, hasta el yanqui BUSH, ese cocinero de la violencia internacional, engañador del mundo entero con pavos de cartón para celebrar su victoria sobre la legalidad internacional, hay un libro inmenso que escribir sobre el título que encabeza este artículo. Alguien debería escribirlo; si no se me adelanta nadie me prometo hacerlo cuando me jubile de la necesidad de trabajar todos los días.

Y llegamos a nuestros días: El espectáculo de la gastronomía

La gastronomía es un juego de complicidad entre cocineros, anfitriones y comensales. De modo que la cocina es lo que finalmente quieren los fieles que viene a ser, con matices, lo que previamente le han propuesto los profesionales, que son los que saben de eso. El juego puede ser culturalmente interesante y enriquecedor o una actividad de superficie, un ejercicio de democratización de la estulticia, en línea con la tradición que estamos criticando.

La espectacularización de todas las cosas es un signo de nuestro tiempo y lo gastronómico no se escapa a esa situación. Decididamente no se escapa sino que en la cocina la cultura del espectáculo ha encontrado una nueva y eficaz plataforma desde donde emitir su programación.

Son muchos los profesionales que entienden su trabajo como aportación, creativa o no –de la presunta creatividad mejor ni hablar- a la doble función diaria del restaurante en las que hay que contentar a un cliente que no busca alimento inteligente sino entretenimiento, diversión, autobombo, imagen; actuar comiendo en definitiva. La comensalidad en el fondo ha sido siempre eso: una obra de teatro alrededor de la mesa con los papeles repartidos en función del status de los comensales.

Y todo esto, queridos amigos, ¿no es el espectáculo de un espectáculo?

Si, ya lo creo que lo es. Y bien divertido. Trazo a modo de collage algunos elementos: es un espectáculo que mueve a risa observar desde la distancia:

  • La imagen de pingüinos panzones de los asistentes a bodas-frac
  • El absurdo de los visones en los restaurantes malagueños
  • Servir y comer chanquetes como una trasgresión emocionante
  • El tecnicismo hueco y vacuo de innumerables platos de autor
  • La cocina de fusión en manos presuntuosas e inexpertas
  • El uso cursi y despiadado del lenguaje por presuntos creadores culinarios
  • Que no haya para muchos comida digna sin foie, solomillo o marisco
  • La cursilería, el esnobismo, la petulancia de muchos comensales
  • La profunda ignorancia que asoma tras las innumerables frases hechas de cansina utilización para quedar bien. Se acaba haciendo el ridi.
  • Etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc,

Otra gastronomía es posible, pero necesariamente abordable en otra cita porque se me ha terminado el espacio asignado por el director de la revista. Será la próxima entrega...si gusta esta.

Mi Recetario Intimo para Amar la Soledad

Ensalada de frutas de verano y langostinos con vinagreta de yogurt.

Ingredientes:

  • Ensalada de hojas diversas
  • Mango-kiwi-aguacate ó melón- ciruela-melocotón ó tu mism@
    Frutas rojas redondas enteras: moras y picotas
  • Langostinos
  • Huevas de trucha
  • Vinagreta de yogurt: 1 yogurt natural, zumo de 1 naranja y
  • 2 limones, aceite de Mondrón, vinagre de Módena, sal.

Elaboración y presentación.

Sin comentarios.

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