
La escultura pública había sido un tema olvidado por los textos de la Historia del Arte. En concreto, el tema siempre había sido tratado de forma puntual o colateral pero no se le había dedicado la atención que como obras de artes en la calle requería. El Profesor Doctor Juan Antonio Sánchez López ha trazado una monumental obra en la que no falta el rigor científico ni eficaz metodología para obtener un texto de gran interés y amenidad. Pero sobre todo, habría que destacar el gran interés que despierta el tema en el lector ya que suscita una atención pormenorizada sobre piezas con las que convivimos a diario, pasando desapercibidas en ocasiones por el mal estado de conservación, o bien, por una mala ubicación, o simplemente, porque la cotidianidad de nuestra percepción las ha relegado al ostracismo.
Resultan sumamente interesantes los capítulos previos en los que se traza la historia de la imaginería urbana desde sus orígenes en la ciudad. La clasificación básica se divide en dos grandes grupos: Civitas Sacra y Civitas Moderna. En el primero de ellos se hace un estudio pormenorizado de la morfología, estética y función de la escultura religiosa sobre un estudio histórico, antropológico y estilístico. Cada pieza está documentada individualmente acompañada por el soporte gráfico y por una ficha que sintetiza los datos básico de identificación y periodización. En resumidas cuentas, un catálogo monográfico en el que destaca la presencia de esculturas que por los avatares del urbanismo no podemos disfruta de ellas. Este es el caso de la magnífica imagen de la Inmaculada Concepción que coronaba el triunfo diseñado por Fernando Ortiz entre los años 1756-1760 para el desaparecido convento de San Pedro Alcántara en las proximidades de la plaza que hoy aún conserva el mismo nombre, y a la que se le dedica una extenso estudio con un interesante aparato crítico.
Dentro de la clasificación de Civitas Moderna encontramos una amplia subdivisión que estructura por temática la historia más reciente de la ciudad a través de sus imágenes. Triunfo de la Libertad, Memoria asumida, memoria impuesta, Locus Amoenus… Son algunos de los epígrafes bajo los que se encuentran registradas y documentadas todas aquellas obras que se han dedicado a homenajear, conmemorar, o simplemente, a embellecer nuestro entorno. Consideramos muy importante la labor que hace el autor al recoger testimonios históricos a través de las fuentes escritas y también, aquellos testimonios que han dejado obras de más reciente factura en la prensa, medios de comunicación y la opinión pública. No podemos dejar de insistir en que el criterio de selección de las piezas dan una idea de la magnitud de la obra, ya que si tiene cabida por su peso histórico El monumento a Torrijos de la plaza de la Merced, también lo tiene aquellas muestras de reconocimiento, admiración y agradecimiento que han sido posible por subscripción popular como el Homenaje a las víctima del accidente aéreo de Madeira, la mujeres victimas de la violencia o al pescador Matías Rodríguez Mellado. Novedoso y necesario para conocer el patrimonio malagueño en el capítulo dedicado a las fuentes, Agua de Vida. Tema poco estudiado pero igualmente interesante tanto desde la perspectiva del urbanismo como desde la iconografía y la historia.
Por último, reseñar que este libro puede y debe ser un referente básico para el estudio y conocimiento el arte y la historia de la ciudad de Málaga, hay que reconocerle que su perentoria necesidad es producto de una dialéctica entre el patrimonio emergente y el legado por los siglos con el ciudadano y su entorno. Obras como ésta, nos ayuda a comprender y dialogar con estas -en muchas ocasiones- extrañas, desconocidas y silenciosas efigies que nos observa desde su pedestal privilegiado.