página 1 de 2 « | »

“La facultad de crear nunca se nos otorga por sí misma. Llega a la par con el don de la observación. Y cabe reconocer al verdadero creador por su capacidad para hallar en torno de él, en la cosa más corriente y humilde, elementos que vale la pena advertir”.
IIgor Stravinsky
Una de las premisas más exigentes de la crítica de arte se centra en la interpretación objetiva de unos trabajos que son producto del intelecto y del celo creativo de sus autores. En este sentido, la crítica literaria se lanza a la búsqueda de unas explicaciones que puedan equilibrar la asimilación de la obra gráfica y la palabra a ella referida. Este proceso de análisis e interpretación es más riguroso e inflexible cuando se trata de una obra que posee connotaciones abstractas y formas extremadamente geométricas. La crítica literaria se encuentra ante este dilema con la obra del artista granadino, pero malagueño de adopción, Manuel Cabello.
En el terreno del arte, todo concepto, pensamiento o sentimiento proceden de la observación. Cualquier momento del día, experiencia o acontecimiento es válido para generar una idea que a través de la práctica se convertirá en el motivo o tema pictórico de una obra física. Esta manera de proceder, común en aquellas personas que nos ofrecen sus vivencias y manera de entender la vida a través del lenguaje del arte, es la que ha estado presente en la obra de Cabello durante los veinte años que lleva ofrecidos a la experiencia pictórica. Su formación autodidacta, sumado a un sentido innato por la sencillez, la coherencia y la honestidad, le ha permitido llegar a unas cotas de gran abstracción que permanecen temporalmente enlazadas, como si de una cadena se tratara, generándose unas a otras a partir de los conocimientos adquiridos y experimentados en cada una de sus obras.
Pero al referirnos a Manuel Cabello no podemos hablar en sentido reductivo, en base a definiciones nominativas de otras épocas que se quedan cortas para englobar a los creadores que el siglo XXI sigue ofreciendo, y pese a sus vinculaciones con los medios técnicos tradicionales de la profesión, su particularidad estriba en la capacidad de materializar la idea o tema que le preocupa en cada momento ya sea a través del medio plástico, a partir de la proyección en tres dimensiones que le permite la escultura o de las exigentes y diversas técnicas de grabado e impresión. En este sentido, Manuel Cabello, pintor grabador y escultor es capaz de generar unas obras que retoman experiencias del arte abstracto geométrico más severo, del arte óptico, arte cinético, e incluso, del arte minimal y conceptual en sus esculturas. Lo formal y racional fluye por encima de lo real, de manera que sus trabajos deben ser tenidos en cuenta desde esta particular y difícil variante del arte moderno.
La Serie Arquitectura se inició en el año 1997, un apelativo que comprende conjuntamente la obra diversa realizada por Cabello a partir de esos años. Con anterioridad, la Serie La Noche había servido para abrir un camino de investigación espacio-temporal que daría pie a la posterior Arquitectura. Mientras que en La Noche, la realidad, el paisaje y la naturaleza servían como motivo para activar el proceso de abstracción intencionado, en Arquitectura todos los referentes a la realidad han desaparecido en cuanto a forma, pero no su concepto. El proceso creativo se ha invertido, de manera que la simplificación y construcción de planos a partir de la reiteración y repetición de un módulo, llega a adquirir un significado pleno cuando se ha desarrollado en su totalidad en el espacio-formato. El trabajo se genera a partir de un diálogo continuo y mutuo entre el artista y la obra. La concentración extrema y el trabajo sumamente meticuloso, exigidos al autor, llevan a la adecuada plasmación de las inquietudes y vivencias artísticas que perduran aún en algunas mentes creativas.
página 1 de 2 « | »