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Cuadernos de Gestión Pública Local
D - Enero de 2007
Diputación de Málaga
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El Cementerio Inglés de Málaga.

Noelia García Bandera. Historiadora del Arte.

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La lucha de William Mark.

William Mark siempre fue un luchador. En 1782, Mark nació en el seno de una familia muy humilde y numerosa de Berwick-on-Toweed, pero tuvo la suerte de ser protegido a los 11 años de edad por el señor Anderson, amigo de la familia dedicado al negocio del textil. Tras trabajar duramente junto al señor Anderson, su salud se fue deteriorando, por lo que su protector lo mandó al norte para que recobrara la fortaleza y el vigor que ya no tenía. Mark aprovechó durante varios años los viajes que realizaba a Londres, Glasgow y Paisley para aprender sobre el comercio textil, pero se dio cuenta que el señor Anderson apenas tenía dinero para pagarle su manutención, por lo que comenzó a abrirse camino en la vida por él mismo.

Tras perder un empleo sin muchas expectativas en Londres, Mark decidió enrolarse en la Marina con 18 años. Aunque sólo era un simple marinero, los conocimientos que había ido adquiriendo durante años le sirvieron para que muy pronto repararan en él. En pocos años pasó de ayudante a secretario del capitán y de contador a cónsul británico, pasando por una cena con Nelson y una boda con su querida Emma Woodin, el amor de su vida.

Cementerio Inglés
Cementerio Inglés

En 1816, Mark y su familia desembarcaron en tierras malagueñas tras ser recomendado para cónsul británico en el Reino de Granada, aunque no fue nombrado con tal título hasta 1824.

Puede parecer que un hombre como Mark ya había conseguido todo lo que quería, pero cuando el futuro cónsul advirtió la manera de enterrar a sus compatriotas, decidió que una nueva lucha debía comenzar desde el primer día de su nombramiento: encontrar un espacio físico para enterrar a sus difuntos. Tal labor no fue fácil.

Tras el triste entierro de uno de los empleados del consulado en 1826 y la poca cooperación del propio gobierno inglés, Mark decidió escribir una carta al gobernador de Málaga, el General José Manso, señalando el antiguo tratado anglo-hispano de 1667 y solicitando un espacio apropiado para la inhumación de los británicos. Inmediatamente la propuesta fue aceptada y el 17 de octubre de 1829, William Mark pudo delimitar el terreno elegido para tal tarea, un área en pendiente que hoy en día constituye el cementerio interior amurallado que más tarde pasó a llamarse “Cañada de los Ingleses”. El Cementerio Inglés de Málaga quedó constituido en 1930.

Durante varios años, Mark embelleció el cementerio, por lo que pasó de ser un lugar más de enterramientos a un jardín botánico para el agradable paseo de los malagueños. Se realizaron bancales, los geranios traídos de Gibraltar le dieron un toque de color a la zona, plantó un número considerable de plantas y árboles exóticos y rodeó el lugar con un seto de higueras chumbas (4).
A partir del año 1832, se iniciaron los enterramientos de otras nacionalidades, hasta que Mark se vio desbordado por las solicitudes de otros cónsules. Desgraciadamente, por falta de espacio, tuvieron que denegar tanta demanda, pero el cónsul británico prometió que dejaría un espacio para los cónsules muertos en Málaga.

La lucha de William Mark mereció la pena. Consiguió un sueño, difícil en aquella época, pero logró ver un lugar donde los orígenes no condicionaban la forma de sepultura. Cuando Mark consideró que su labor como cónsul estaba cerrada, pasó los poderes a su hijo William Penrose Mark, el cual continuó luchando por el cementerio con el mismo entusiasmo que había observado año tras año en su padre. Era el año 1936.


4 Ibid. pág. 47.

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