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Ficha informativa:
Descripción: Cementerio Inglés de Málaga.
Dirección: Avda. de Pries, n.º 1.
Cronología: siglo XIX.
Estilo: cementerio-jardín romántico.
Fundador: Cónsul británico William Mark.
Arquitecto: Diego Clavero.
¿Cuántas veces hemos pasado por delante de la Avenida de Pries n.º 1? Innumerables. Aunque nunca nos hemos parado a pensar que habría detrás de esas rejas custodiadas por dos majestuosos leones inmóviles. Se trata del Cementerio Inglés de Málaga, espacio funerario y valioso jardín cargado de sugestivas historias, pero con un futuro bastante incierto. Tras la entrada, si nos adentramos en el interesante cementerio-jardín, podemos descubrir como una ciudad como la nuestra está tan bien representada en un espacio tan reducido. Para ello, debemos profundizar en su origen y existencia que, año tras año, ha ido aportando nuevos conocimientos a las tradiciones y costumbres malagueñas.
La Málaga del siglo XIX no sólo sufrió cuantiosas epidemias que desembocaron en un gran número de víctimas, sino que también se topó con el rechazo de sepultar a los no católicos (es decir, protestantes) en campo santo. Tras la prohibición de los entierros intramuros en 1787, las ciudades se hallaban en la obligación de encontrar un lugar donde alojar los cuerpos de los difuntos. Carlos III a través de la Real Cédula, además de impedir los enterramientos en los interiores de las iglesias y en los espacios funerarios parroquiales para así evitar la propagación de enfermedades en los núcleos urbanos, persigue la idea de que los cementerios se ubiquen en lugares bien ventilados y fuera del foco de población.
Pero como hemos mencionado, los protestantes lo tenían más difícil. Aunque Málaga era una ciudad que se abría al viajante extranjero (1), su protocolo funerario era bastante macabro. La muerte de un no católico en nuestra región, más que un problema, era todo un espectáculo donde el crepúsculo de la inmundicia ensombrecía el litoral. Así, al caer la noche, las playas se convertían en espacios mortuorios y tristes donde ni siquiera la luz del día podía conmemorar el funeral. Bajo la penumbra de la luna, los cadáveres foráneos se enterraban en posición vertical con la compañía de la tenue luz de una antorcha y dos soldados que guardaban las normas establecidas. La suerte de los cuerpos podía ser diversa, ya que no sólo se convertían en alimento de animales carnívoros, sino que podían ser barridos por la corriente del mar o rodeados por vertidos de basura (2).
Por lo tanto, los cuerpos de los difuntos protestantes descomponiéndose en la arena malagueña no era grato para el católico, pero aún menos para sus propios compatriotas. Ya en el siglo XVII se alertó de este tipo de enterramientos cometidos, de un modo u otro, en toda España, por lo que, para poder poner remedio a tal situación, se estableció en 1667 un tratado de amistad y comercio entre España e Inglaterra cuyo artículo 35 acordaba “que debe designarse y concederse un lugar decente y apropiado para enterrar a los súbditos del Rey de Gran Bretaña que muriesen en los dominios del Rey de España” (3). Los años pasaron y no hubo grandes logros, hasta que un inglés llamado William Mark llegó a Málaga en 1816.
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1 Son muy interesantes los relatos de los viajeros extranjeros, como los de Washington Irving o Richard Ford. Para más información, GAMIR SANDOVAL, A., Algunos viajeros del siglo XIX ante Málaga, Granada, Universidad de Granada, 1962. (volver)
2 GRICE-HUTCHINSON, M., El cementerio inglés de Málaga y otros estudios, Málaga, Universidad de Málaga, 1989, pág. 16. (volver)
3 Ibídem.
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