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Cuadernos de Gestión Pública Local
D - Enero de 2007
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Células madre: la medicina que viene.

María D. Cuenca-López. Dra. en veterinaria e investigadora del proyecto del LABRET.
José Becerra Ratia. Catedrático de Biología Celular de la UMA y director del LABRET.
José A. Andrades Gómez. Profesor Titular de Biología Celular de la UMA y responsable de terapia celular del LABRET

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Introducción.

Es tanta la información que se está generando durante los últimos años sobre las células madre, la terapia celular, la ingeniería de tejidos y, en fin, la medicina regenerativa, que este hecho por sí solo podría justificar la aparición de este artículo en un foro como al que, habitualmente, se dirige esta publicación. Como científicos, y conocedores de primera mano de la tremenda potencialidad de estas investigaciones en el campo de la salud, pero al mismo tiempo sabedores también de lo mucho que aún queda por conocer, estamos en la obligación de transmitir a la sociedad, en definitiva quien nos financia, cuáles son algunos de los asuntos que debemos tener presentes, y qué grado de expectativa se ajusta a la realidad científica. A la vez, y ahora como ciudadanos, debemos conocer cuáles son los elementos útiles de discusión a considerar, para no entrar en debates estériles que generen polémica innecesaria.

¿Qué son las células madre?

Las células madre, o más correctamente células troncales (denominación más estricta, traducida del inglés stem cell), se distinguen de cualquier otro tipo celular en las siguientes características: en primer lugar, poseen capacidad de dividirse para originar nuevas células madre (lo que se conoce como autorrenovación), constituyendo por tanto una fuente de estas mismas células; en segundo lugar, poseen la potencialidad de diferenciarse, bajo determinadas condiciones, hacia distintos linajes celulares (lo que se conoce como plasticidad), como por ejemplo: células neuronales, hepáticas, epiteliales, musculares, óseas, etc.

Las células madre participan activamente en el desarrollo embrionario pero también continúan presentes en los organismos adultos; en general se pueden clasificar en tres tipos:

  1. Células madre embrionarias, que son aquellas que constituyen la masa interna del blastocisto temprano (de 4-5 días en el caso del humano). Estas células pueden diferenciarse en los diferentes tipos celulares procedentes de cualquiera de las tres hojas blastodérmicas: ectodermo, endodermo y mesodermo.
  2. Células madre germinales o fetales que tienen parecidas potencialidades que las anteriores y que pueden encontrarse en la llamada cresta gonadal de los fetos humanos de 5 a 10 semanas. De ellas se derivarán las células gaméticas durante la vida fértil del individuo.
  3. Células madre somáticas o del adulto, que se encuentran en el individuo adulto durante toda su vida postnatal y son capaces de responder a estímulos regenerativos e iniciar un proceso de autorrenovación, tras el cual algunas de ellas son capaces de diferenciarse hacia linajes especializados, propios del tejido en el que se encuentran, es decir, de la misma hoja blastodérmica de la que procede el órgano que las alberga.

Las células madre pueden ser totipotentes, pluripotentes o multipotentes. Las totipotentes son aquellas capaces de originar un individuo adulto completo. Sólo las células en una fase muy temprana del embrión (por ejemplo, las células de la mórula) poseen esta capacidad. Las pluripotentes, son de capacidad más restringida, pues pueden originar cualquier tejido u órgano, excepto los anejos embrionarios (placenta) y por tanto no pueden dar lugar a un individuo adulto completo. Estas células se encuentran en la masa celular interna del blastocisto, nombre que recibe el embrión en una fase temprana de su desarrollo, antes del anidamiento o implantación intrauterina. Y las multipotentes, que están presentes en diferentes tejidos u órganos del organismo adulto, a diferencia de las anteriores que sólo aparecían en el embrión. Son capaces de originar diferentes tipos celulares, aunque restringido a la hoja blastodérmica de la que procede el tejido en el que se encuentran.

Como fuentes de células madre en el individuo adulto destaca la médula ósea, donde se encuentran células que van a generar todos los tipos celulares de la sangre y del sistema inmune (proceso denominado hematopoyesis). Posteriormente se ha sabido que en la médula ósea radican también células que no participan en la formación de la sangre, sino que son capaces de originar células mesenquimales (proceso conocido como mesengénesis). Pero estas células madre existen en muchos otros órganos del cuerpo humano. Así, ya se han aislado células madre adultas de la piel, grasa subcutánea, músculo cardíaco, esquelético, cerebro, retina, páncreas, etc. Otra fuente de células madre interesante es el cordón umbilical de recién nacidos, cuya potencialidad podría encontrarse entre la de las células embrionarias y las del individuo adulto.

Hasta ahora ha existido la creencia generalizada de que estas células madre órgano-específicas del adulto, están limitadas a generar sólo células especializadas y diferenciadas del tejido donde residen, es decir, han perdido la capacidad de dar lugar a otras estirpes celulares del cuerpo: son células multipotentes. Sin embargo, la reciente publicación de múltiples estudios ha hecho cambiar esta visión de las células madre órgano-específicas, haciendo evidente que células madre adultas, procedentes de cualquier tejido, pueden diferenciarse a células y tejidos de otras localizaciones y estirpes distintas. Estos experimentos han demostrado que células madre de adulto, cultivadas y sometidas a ambientes distintos a los habituales, pueden reprogramarse (proceso conocido como transdiferenciación), y dar lugar a otros tipos celulares que hasta ahora se pensaba eran incapaces de generar. Es decir, ya no serían multipotenciales, si no pluripotenciales. Si esto es así, se podría decir que no existe una diferencia esencial entre la célula madre embrionaria y la del adulto.

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