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Las fluctuaciones en la abundancia de peces, además de una consecuencia de la sobreexplotación pesquera y otros factores antropogénicos, se empiezan a considerar cada vez más como una respuesta biológica a los cambios ambientales a medio plazo. El cambio climático no viene más que a exacerbar el estrés sobre los stocks pesqueros; los problemas regionales y globales de disparidad entre capturas y abundancia de stocks se agravarán, lo que fomentará el desarrollo de la acuicultura en nuevas zonas. La contaminación y destrucción de hábitat que suele acompañar a la acuicultura también puede limitar su expansión y la supervivencia de las poblaciones silvestres. Además esta industria tiende a instalarse en zonas costeras o de manglares, captadoras también de CO2 de la atmósfera.
Diversos estudios revelan que relativos pequeños cambios en el clima a menudo producen dramáticos cambios en la abundancia de especies, por el impacto en la masa de agua y la hidrodinámica. Por ejemplo, el área de la sardina (Sardina pilchardus) antes de la II Guerra Mundial abarcaba desde el sur de Gran Bretaña hasta Marruecos. En los cálidos años que siguieron a la guerra, las sardinas se pescaron por encima del Mar del Norte. Durante los años 70 se desarrollaron nuevas pesquerías en el bajo Sahara y Mauritania, con pequeñas capturas al sur de Senegal. Estos cambios se consideran una consecuencia del proceso ecológico relativo a la aceleración de los vientos alisios.
Hoy sin embargo, la sardina, pez de aguas frías, se está viendo desplazada por la alacha (Sardinella aurita) de aguas más cálidas.
Las pesquerías comerciales se verán fuertemente afectadas por estas disfunciones. Hay múltiples ejemplos de los efectos en las pesquerías debido a cambios en el mar relacionados con el clima. El conocido fenómeno metereológico de El Niño estuvo a punto de devastar la flota peruana cuando tras el fenómeno de 1972/73 se paralizó el proceso de levantamiento de nutrientes de las aguas profundas a la superficie, haciendo caer radicalmente la cantidad de plancton e interrumpiendo la cadena trófica.
Las capturas se redujeron de 14 a 2 millones de toneladas, causando una catástrofe económica en Perú.
Si los sucesos asociados a El Niño aumentan su frecuencia, la biomasa de plancton y la abundancia de larvas de peces declinará y tendrán efectos adversos para la diversidad biológica de los océanos.
Ya se han observado cambios importantes, por ejemplo, un aumento significante en la temperatura media de las aguas de la cubierta mediterránea occidental durante los últimos 20-30 años. El cambio de temperatura refleja cambios sustanciales en la abundancia relativa de especies termofílicas, aumentándose las capturas de peces como el sargo breado (Diplodus cervinus), mero (Epinephelus marginatus), roncador (Pomadasys incisus), barracuda (Sphyraena sphyraena), pez Ballesta (Balistes carolinensis), alacha (Sardinella aurita) y anjova (Pomatomus saltatrix).
Son muchos los efectos colaterales de todos estos fenómenos asociados al cambio climático: el flujo de las corrientes marinas puede cambiar, lo que afectaría a la estructura de los ecosistemas marinos y a las economías de los países ribereños o la extinción de muchas especies entre las que se encuentran las aves marinas, los osos polares y otros mamíferos marinos, mientras el cambio propiciará la proliferación de muchas otras especies como insectos y artrópodos en general.
Y muchos también los interrogantes, como los efectos que el calentamiento global puede provocar en la evolución y supervivencia de la vida abisal, donde la temperatura se mantiene entre dos y cuatro grados Celsius o los posibles cambios en las alturas y direcciones prevalecientes de las olas marinas.
Paradójicamente también se van a producir cambios que resultarán provechosos aunque sólo sea para el tráfico marítimo, como es la previsión de una nueva vía de navegación que se abrirá, como consecuencia del deshielo del polo norte, entre el noroeste americano y el nordeste de Rusia y que será navegable una media de 100 días naturales.
Algunos ecosistemas naturales podrán adaptarse a los cambios del clima de alguna manera u otra, pero no necesariamente en la manera que al ser humano le gustaría. Existen algunas propuestas para intentar paliar los efectos del calentamiento, como por ejemplo fertilizar algunas zonas costeras para que un aumento del fitoplancton facilite una mayor absorción de dióxido de carbono de la atmósfera, o inyectar los gases al fondo del océano, los cuales presumiblemente serían absorbidos por el mar. Aparte de los obvios problemas técnicos, económicos y legales que esto supondría, todavía no se conoce el funcionamiento biológico, geoquímico y físico de los fondos marinos como para considerar esta opción como deseable. Sea como sea, cualquier intervención deliberada y artificial en la vida de los océanos puede tener consecuencias impredecibles, lo que tendría que ser motivo suficiente para desistir. La intervención humana, por otro lado imprescindible, debe centrarse en temas de gestión, principalmente y sin demora en los planes de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
IPCC. Tercer Informe de Evaluación. Cambio Climático 2001: Impactos, adaptación y vulnerabilidad.
http://www.ipcc.ch/pub/un/ipccwg2s.pdf
UNEP. Informe del GESAMP 2001.
http://www.gpa.unep.org/documents/other/gesamp/GESAMP-A%20Sea%20of%20Troubles.pdf
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