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Frente a la pretensión de separar radicalmente los modelos de gestión de las diferentes entidades que integran el denominado “tercer sector” económico, ubicado entre el sector público y el sector empresarial (privado); lo cierto es que en los momentos actuales existe el convencimiento de que la eficacia, la eficiencia y la calidad de las actuaciones de las entidades sin fines lucrativos dependen, en gran medida, de la incorporación en sus actividades diarias de métodos de gestión contrastados, derivados de la actividad empresarial, aunque solamente sea porque estas instituciones privadas sin fines de lucro o ipsfl se enfrentan a medios escasos, susceptibles de usos alternativos y dedicados a necesidades sociales crecientes, de evolución incierta, entornos complejos y ardua evaluación, factores todos ellos que obligan, por sí solos, a un reforzamiento de los controles de gestión.
Lógicamente, en un texto introductorio de estas características no queda sino esbozar todos los parámetros que, posteriormente, serán analizados en conferencias posteriores.
En principio, conviene justificar la propia existencia en esta sociedad globalizada de las ipsfl, en una sociedad cuyos ejes están cambiando radicalmente respecto a lo sucedido en el siglo XX.
Estos ejes pueden resumirse en los siguientes:
Pues bien, las ipsfl tienen roles propios en todos estos ejes, así, la globalización internacionaliza problemas sociales desconocidos prácticamente en las sociedades desarrolladas (enfermedades tropicales, pobreza y hambrunas, Estados fallidos o “rogue states”, con sus terribles consecuencias para las poblaciones civiles de los mismos, etc.), además, comporta sus propios problemas como sucede con la contaminación transfronteriza; la sociedad del conocimiento agudiza las desigualdades del tipo “digital divide”; por su parte, una manifestación ejemplar del reforzamiento de la “sociedad civil” es la propia implosión del asociacionismo y de las ONG; las reglas de buena gobernanza exigen la cooperación de las ipsfl, etc.
En suma, las ipsfl son una parte viva de esta sociedad del siglo XXI e, incluso, podíamos considerarlas como la porción más dinámica del cuerpo social internacional y su conciencia.
Las instituciones sin fin de lucro aparecen en los intersticios de lo público (en retroceso y entreverado con el sector empresarial), equilibran lo colectivo y lo modernizan y limitan el excesivo protagonismo del mercado y las soluciones individuales a problemas internacionales, de toda la Humanidad que deben solucionarse de manera conjunta.
En suma, en la sociedad moderna nos encontramos con el rol ascendiente de las ipsfl, lo que exige, en contrapartida, potenciar el rigor en sus actuaciones y un mayor control social; en definitiva, una gestión óptima.
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